martes, 3 de febrero de 2009

REBAJAS

“¿Crisis? Pues yo no sé dónde estará la crisis, porque vamos”, me dijo el sábado pasado una cajera de un Mercadona. Tenía toda la razón, porque aquella cola era interminable y el establecimiento estaba a rebosar. “Comer tendremos que comer, mi niña”, apostilló una señora que venía detrás de mí.
Claro, uno ve el telediario o lee El Mundo y le sale hasta sarpullido, y no digamos si, mientras se toma el café, escucha la SER, Punto Radio u Onda Cero (la COPE de Jiménez Losantos no es radio, es palabra de Dios y no hemos de mezclarla con la de los hombres), entonces es mejor volver a acostarse hasta el día siguiente.
Antes de dejarme caer por el súper, estuve en El Corte Inglés. Esperaba encontrarme con Patricia Conde, la que anuncia este año las rebajas, pero fue imposible. Había tanta gente (para que se lo quede el Estado o los bancos, me lo llevo puesto) que no atisbé a verle la cabeza, así que lo dejé y puse rumbo a la sección de libros, en busca de Elias Canetti (este no era tan guapo, pero seguro que escribía mejor). No sé por qué, pero parece que las rebajas son sólo cuestión de trapos. Hombre, te puede hacer falta una chaquetita, algún pantalón de deporte, una camisa (no una camicia, esto es, las que venden en las franquicias, llámese Z o S, y que aguantan una boda, un lavado y un par de dosis de desodorante), una bufanda para estos fríos, pero bueno, no todo en la vida es la ropa. Como no vayas a la sección de libros de bolsillo es imposible comprar una obra más o menos actual un poquito más barata. Luego dicen que la gente no lee. Cualquier novedad ronda ya los 20 euros. Aún así, allí parecía que estaban regalando Los hombres que no amaban a las mujeres (es muy entretenida, la novela, las cosas como son. La segunda parte es aún mejor). Lo cierto es que el personaje de Lisbeth Salander encandila. Una hacker anoréxica y, por lo que parece, afectada del síndrome de Asperger, que trabaja como freelance para una empresa de seguridad y que en sus ratos libres se dedica al espionaje, pero no a un espionaje chapucero y casposo como el de la Comunidad de Madrid, no, este es de altos vuelos, canela fina. Total, que cogí a mi Canetti y nos fuimos los dos a un ciber a sacar la tarjeta de embarque para el vuelo del domingo.
Por lo que se ve, las rebajas tampoco llegan a los billetes de avión. Cien euros, con descuento de residente, me sale ir de una isla a otra. He leído en la prensa que Air Europa parece que va a entrar en Melilla. Buena notica, por supuesto, aunque dudo que se produzca ese abaratamiento deseado. Llegarán a un acuerdo y las dos compañías pondrán los billetes al mismo precio. Aquí en Canarias pasó lo mismo hace unos años. Operaba, en exclusividad, Binter Canarias (cada vez que me monto en uno, a pesar de que son los nuevos y nada tienen que ver con los antiguos, ni en tamaño ni en forma, se me abren las carnes, recordando esos cacharros que teníamos los melillenses hasta hace poco) en los vuelos interinsulares hasta que entró Islas Airways. Hoy podemos volar a todas horas, y hasta nos dan chocolatinas, pero al mismo coste sea la compañía que sea. Hacen el mismo ruido, se mueven igual y son igualmente estrechos. ¿Por qué va a salir uno más barato que el otro? Lo justo es que sean igual de caros, ¿no? Hay que ver cómo somos. Quejándonos de vicio.
José María García Linares

2 comentarios:

Soportándome dijo...

Llevas toda la razón, ni billetes de avión ni nada. ¿Quién la sufre? Nosotros.

Rubén dijo...

Es verdad, ¿por qué las rebajas no se aplican a todo por igual?¿Es que solamente necesitamos ropa?
Sociedad consumista,
sociedad materialista,
que mide lo que es
por lo que tiene encima...
Hay que cambiar esto.