
Y es que la preparación es fundamental. Nada más que
hay que mirar la portada de Hola de
esta semana para darse cuenta de que, hasta para ser portada, hay que
currárselo y trabajar muy duramente. La Pantoja, su Paquirrín “que me lo como
entero” y la nuera, felicísima y preñada, anunciando futuro nacimiento y boda.
Todos agarrados, sin una arruga, hasta el punto de que no se sabría muy bien
quién es la suegra y quién la novia, salvo por la mata de pelo moreno de la primera.
Desde pequeñito en las revistas, en los escenarios y en los programas de
corazón. Le han pagado 800.000 euros a la pareja por la exclusiva de estos días
y por unas pocas más en el futuro. Qué suerte. Menuda caña que le han dado
siempre a este muchacho por ser gordo y feuchillo, y ya de mayor, calvo,
digámoslo sin pelos en la lengua. Y ahí lo tenemos, hecho un toro, feliz,
arrejuntado con una chica guapísima y en primera línea de la parrilla
televisiva. Todo el mundo quiere hablar ahora con él, hasta su difunto padre,
que fue a verlo al programa de la médium de Telecinco. Y sin estudiar, “pa que
veas”, que dirían algunos de mis alumnos.
Paquirrín, hoy Kiko, es de los que pensó siempre que
las matemáticas, la filosofía y la literatura eran pecados mortalísimos, y por
eso no las estudió, como está pasando en el I.E.S. Rusadir con estos alumnos
musulmanes que no estudian música porque la disciplina no es otra cosa que la
trompeta de Satán, decía ayer domingo el diario El País. Menos mal que Paquirrín nunca tuvo nada en contra de la
canción ligera y mucho menos de la copla. En mi caso viví algo parecido pero
con matices, claro. “El de plástica es peor que el diablo”, le decía siempre a
mi madre. Mi santísima progenitora, tan responsable, en vez de prohibirme
realizar aquellos instrumentos del mal que eran las gamas de colores, prefirió
hacérmelas ella. Cuestión de educación, claro. Al parecer estos chicos del
Rusadir llevan tiempo (algún curso en otro centro) sin estudiar la asignatura de música debidamente,
sin que se hayan tomado las medidas que se tomarían si, en vez de ser alumnos
musulmanes, fueran laicos o cristianos, judíos o hindúes. Aquí la patata
caliente la tiene la Dirección Provincial y la Inspección, porque ya llevamos
dos reportajes en este periódico nacional en donde da la sensación de que hay,
presuntamente (vaya a ser que…) dejación de responsabilidades por parte de la
administración. Que sepamos, la educación en España es un derecho y, además,
una obligación para todos los alumnos, sin distinción de raza, sexo o religión.
¿Por qué estos episodios (sí, minoritarios y puntuales… por ahora) de burkas y
flautas diabólicas en un centro español y aconfesional? ¿Qué hubiera pasado si
una familia cristiana hubiera dicho exactamente lo mismo y le hubiera prohibido
a su hijo estudiar música? Enseguida se hablaría de asuntos sociales, inspecciones,
mediadores, orientadores, concejales, directores, etc. ¿Darán las autoridades
una explicación seria y rigurosa de lo que está ocurriendo? Quedamos a la
espera.
José María García Linares (14/11/2011)