Publicación de mis columnas que aparecen semanalmente en los diarios Melilla Hoy y Canarias Ahora
martes, 15 de mayo de 2012
PECERAS
lunes, 21 de febrero de 2011
Q
Un alarido vuelve a recorrer España: “Boyerrrrrrrrr, que te pego, leche”. Cuánto tiempo hacía que no veía a José María Ruiz Mateos, y casi no lo reconozco en una entrevista que dio en televisión, de la cantidad de Botox que se ha inyectado en la cara o de las mascarillas de flan dhul que debe aplicarse en el rostro antes de ir a dormir, caramelo incluido. A ver de qué se nos disfraza en esta ocasión. La historia se repite, parece. A mí me daba grima el anuncio de Nueva Rumasa y su nueva planta en Jaén, de lo casposo y lo mal interpretado. Pero en fin, cada uno hace con su dinero lo que quiere, como les pasó a los de los sellos. Eso de duros a cuatro pesetas es muy sospechoso.
Si don José María hubiera implantado el sistema de Calidad que tenemos en nuestro centro educativo, nada de esto le hubiera ocurrido. Oj, a mí me tiemblan hasta las piernas cuando oigo hablar de la Calidad en la enseñanza. Me sube la bilirrubina, como decía el cantante. Adoro rellenar papeles, cumplimentar formatos, adherirme a procesos, pasar auditorías, porque me siento muy seguro. Es una sensación de felicidad mayor que la que provoca Ausonia, que vale para todo y te hace sentir la mejor mujer del mundo. Me quedé un poco mosca cuando le dije a mi auditor el otro día si iba a pasarse por las clases y a comprobar lo que saben (no saben) los alumnos. Me miró con cara de auditor, claro, la que tiene, y me dijo que no, que tenía demasiados indicadores que revisar antes que eso. También le contesté, a la pregunta de en qué veía repercutir la Calidad en mi trabajo, que desde mi punto de vista no servía para nada, salvo para rellenar papeles. Su mirada volvió a ser la de un auditor, evidentemente, pero apuesto a que estaba algo molesto (la palabra es jodido) porque noté cierto temblor en su labio superior. ¿Tú has visto, lector sufrido, el anuncio de McDonald’s y su Q de calidad? ¿A que te da un no sé qué muy parecido a la sorna? Guasa, incluso. Pues lo mismo. También el señor Inspector, o señora, que luego nos acusan estos prendas de no educar en la igualdad, también él/ella me pidió un informe el otro día en donde debíamos explicar por qué hemos suspendido a tantos alumnos en 4.º de ESO. Llevan un tiempo solicitando este papeleo como forma, igualmente, de amedrentamiento. Qué cansinos son. Le tiran a uno de la lengua y luego no les gusta lo que se les dice. Mira como no piden informes sobre la reducción de medidas de atención a la diversidad, sobre la pauperización de las infraestructuras, o sobre la reducción del profesorado sustituto, o sobre el plan de sustituciones cortas, o sobre la masificación, etc. Claro, si el sistema al que representa garantizara que un alumno supiera escribir y leer con 16 años, prácticamente el número de suspensos descendería. Pero esto les da igual. Seguimos con las promociones automáticas, titulan alumnos en 4.º con asignaturas pendientes, en Primaria solo se repite una vez, los alumnos promocionan de 6.º a 1.º de ESO con los ciclos abiertos, etc. Como no llegamos a la cifra de fracaso escolar que estipula la UE hay que buscar soluciones rápidas como la que te he contado. A mí que me lo pongan por escrito y doy sobresaliente general a todo el mundo, porque estoy harto ya de tanto mamoneo. A estos también les vamos a dar un Q, como la de las hamburguesas. ¿Le gustarán a Boyer? El pobre. La Preysler no le dejará comer nada de grasa.
José María García Linares (21/02/2011)
lunes, 28 de junio de 2010
HOGUERAS
El fuego purifica. También condena. Quemamos nuestras naves, las que tanto nos han pesado durante todo el año. Las dejamos consumirse, hacerse humo, para olvidarlas, para que podamos comenzar un nuevo camino, ligero de pesos y de desgracias. Son resquicios del estadio mágico de las culturas, rastros que han quedado en la memoria de los pueblos, que se han ido rehaciendo con el paso de los años, readaptando a mundos distintos, pero que permanecen, perduran, sobreviven. Las hogueras siguen congregando a las gentes, afortunadamente hoy para el disfrute pacífico, para el divertimento sano.
Cada cual habrá echado al fuego lo más dañino, lo más incómodo. En mi caso, siempre he dejado prender lo mismo, con algunos añadidos de vez en cuando. Acerco el curso escolar y lo voy viendo arder desde los pies hasta la cabeza. Reuniones infructuosas, directivas vendidas e incompetentes, actitudes violentas, esfuerzos vanos por el esfuerzo, resultados desalentadores, padres y madres irresponsables, exámenes en blanco, compañeros corruptos, Inspectores inútiles, porcentajes justificadores, informes individualizados corta-y-pega, cobardía, vasallaje, pasotismo, ridículo, mentiras, tomaduras de pelo. Todo va volviéndose ceniza. Nada importa que dos meses después el desastre renazca como el ave Fénix. Este momento frente a la hoguera es infinito. No hay nada que pueda combatirlo. Volverá, claro, pero cada año que pasa te va importando menos, te cansa más que te ofende, y te aburre en lugar de indignarte. Para muestras, las últimas pruebas de diagnóstico realizadas en Cuarto de Primaria. Sólo la etiqueta ya es errónea. No hay nada nuevo que diagnosticar. Si acaso que la Administración tiene menos vergüenza que hace unos años.
Los problemas siguen siendo los mismos. Es agotador tener que recordar que la tarea, los deberes, hay que hacerlos en casa. Que un niño de siete, ocho o nueve años no puede llegar a la escuela sin tener sus ejercicios hechos, que eso también es una forma de abandono familiar. Se me seca hasta la lengua. Que hay que sentarse con los hijos a leer, a sumar y a repetir las tablas de multiplicar. Si ahora no se puede, como nos dicen, porque no hay tiempo, tal vez tampoco debería haberlo para traerlos al mundo y dejarlos ahí, a ver qué pasa. Uf, qué espanto, esto no hay quien lo soporte, así que a la hoguera también. La próxima columna, si Dios quiere y el Claustro de final de curso lo permite, la escribiré desde Melilla, por fin, con el culo en remojo y el alma libre paseando por la playa. Hasta entonces.
José María García Linares (28/06/2010)
lunes, 1 de febrero de 2010
PIRATAS
lunes, 30 de noviembre de 2009
OBJETIVO INALCANZABLE
El debate, si es que pudiéramos llamarlo así, dentro de nuestras fronteras sigue su particular desarrollo descafeinado. Religión, laicidad, ordenadores, obligatoriedad hasta los 18 o las pataletas de las familias que no quieren que se sancionen los comportamientos de sus vástagos. Asuntos todos que contribuyen a desviar la mirada y a centrar el discurso en detalles, anécdotas, pareceres que pueden tener su espacio dentro de la discusión pero que, desde luego, deben ser abordados en segundo término. Ni siquiera ese supuesto pacto que el ministro Gabilondo ha propuesto en materia educativa parece hacerse cargo de la problemática actual, problemática educativa, claro, porque evidentemente obligar a los jóvenes a estar hasta los 18 años sí que evitaría otras, como por ejemplo el aumento del paro. Qué olorcillo desprendo todo esto.
Llevo buena parte de la tarde corrigiendo. En cuanto acabe abriré una tableta de chocolate con almendras para endulzarme este desasosiego. Los resultados han sido muy malos, a pesar de estar estudiando el género y el número de los sustantivos y los géneros literarios…Lo cierto es que el tema es lo de menos. Igual daría hablar de física cuántica. El problema es mucho más profundo. Estudiar siempre ha sido difícil y duro, pero hace años todavía se creía en que progresar era alcanzar la excelencia a través del conocimiento. Hoy, hacerlo no garantiza ni un futuro profesional ni una solvencia económica.
¿Seré yo? ¿Es nuestro el problema? Muchos somos los que continuamente nos cuestionamos nuestra propia labor, buscamos nuevas vías para llegar a los estudiantes, invertimos grandes cantidades de energía física y emocional en nuestras clases… Tan sólo unos pocos alumnos parecen aprovecharlas, los que quieren estar allí y continuar sus estudios. Somos 37 en un mismo grupo, hacinados entre cuatro paredes, con las ventanas atrancadas para que no escape nadie, sin cortinas, sin pantalla, sin cañón, sin ordenador, sin poder recibir una atención individualizada… ¿Cómo no se van a marchar? Si estoy por abandonar hasta yo.
José María García Linares (30/11/2009)
miércoles, 11 de febrero de 2009
VACACIONES SANTILLANA

Qué rabia me daba de pequeño ir al colegio. No era yo como estos niños postmodernos de hoy en día que se aburren en sus casas y están locos por ver a sus amiguitos en el recreo. No. Yo, en caso de verlos, prefería hacerlo en el parque, en el Club o en la playa. Al aire libre, en grandes espacios, corriendo, saltando y sin muros ni verjas ni señores mayores que te contaban lo mismo que podías leer en esos libros, salvo contadas excepciones que lograban captar tu atención y llevarte de aquí para allá en un viaje fascinante. Cuando llegaba el mes de junio, ya tenía esa cosilla en mi estómago cada vez que veía el cielo azul o sentía esa luz melillense tostadita en el cogote al pasear por la Avenida. Olía a verano, a paz, a felicidad. En los escaparates, esos cuadernillos espantosos de Santillana para repasar y divertirse (por Dios) en julio y agosto. A mis hermanas y a mí no nos hacían falta, que ya estaban nuestro padres poniéndonos todos los días cuentas y copias, para que no se nos secara, a pesar de los chapuzones, la mollera.
El pasado día cinco de febrero el diario El País publicaba un artículo titulado Demasiadas vacaciones en donde se criticaba no sólo las de los profesores, sino también el poco número de días lectivos de los estudiantes. Algunos proponían ahí alargar el final del curso, otros adelantar su comienzo y, como telón de fondo, el problema que tienen los padres actualmente para conciliar su vida laboral con la familia, al parecer responsabilidad de los centros y no de sus empresas, esto es, qué diantres hago con la niña-molestia cuando le den las vacaciones. ¿A dónde la mando? Y leía yo estas argumentaciones mientras hacía la cola en el Ayuntamiento para recoger un certificado. De cuatro mostradores, sólo funcionaba uno. Hay que ver lo que tardan en servir los desayunos en las cafeterías.
Las vacaciones de nuestros jóvenes son distintas a la de los chicos y chicas de otros países, algo evidente porque aquí no se puede tener a treinta estudiantes metidos en un aula sin cortinas y sin aire acondicionado a finales de junio. El calor es insoportable. Comparar esta situación con la finlandesa o la sueca es poco provechoso. Pero es que a principios de septiembre la temperatura, al menos en el sur de España, es igual, agobiante. Los que piden adelantar el comienzo al día uno del mismo mes olvidan también que en esas fechas están los exámenes de recuperación y que las plantillas de profesionales están incompletas. Lo que escuece de todo este asunto es que el debate haya saltado nuevamente a los medios por motivos que nada tienen que ver con la enseñanza. Las familias quieren tener los centros más tiempo abiertos para tener allí aparcaditos y cuidaditos a sus criaturas (que, curiosamente, son suyas. Algunos lo olvidan). Y digo aparcados porque da igual que aprendan más o menos (casi nadie trae la tarea hecha), que no haya ordenadores, que haya saturación, que las ratios sean elevadísimas, que falten recursos de todo tipo. Lo que importa, lamentablemente, es que estén allí vigilados porque así no estarán fuera, solos, de ahí la propuesta de varias CCAA de tener los colegios e institutos abiertos por las tardes, o casi de madrugada. La docencia tiene una función fundamental y valiosísima, si se deja ejercerla: la de enseñar. Todo lo que se salga de ese marco no es tarea de los docentes.
Tal y como se están poniendo las cosas, un alumno puede llegar a su colegio a las siete de la mañana, en régimen de acogida temprana, recibir sus seis horas de clase, comer a las dos y media y realizar las actividades extraescolares hasta las seis de la tarde, supuestamente controlados por personal distinto al de los profesores, nos dicen los expertos. Esto huele a podrido. Todos estos pedagogos, presidentes de no sé qué, coordinadores de no sé cuánto que, o están liberados o no han dado clase en su vida, ¿no tienen nada que decir sobre el hecho de tener a un chico encerrado diariamente casi doce horas en un centro? La solución a los problemas sociales no la tiene en exclusividad la escuela. ¿El Estado no va a hacer nada para que los empresarios flexibilicen los horarios y turnos de sus trabajadores, para que puedan disfrutar de sus hijos? Ya está bien de echar sobre la enseñanza todas las responsabilidades sociales. A este paso, en cinco años, estaremos presentes en los partos para registrar la llegada de un nuevo alumno y evitar el fracaso neonato y el absentismo en las incubadoras.
José María García Linares (11/02/2009)
martes, 13 de enero de 2009
PRIMAS
Como lo mío no tiene solución, a pesar de la dificultad que comentaba antes, no puedo evitar establecer un paralelismo delirante entre el Real Madrid y la Junta de Andalucía, cuya Consejería de Educación está intentando llevara a cabo un Plan de Calidad con el fin de disminuir el número de fracasos escolares de aquí a unos años a golpe de talonario (siete mil euros por cabeza). Menos mal que, según el diario El País (22/11/2008), este plan sólo ha convencido al 20% de los Institutos de Enseñanza Secundaria. ¿Que en qué consiste? Muy sencillo. Cuantos menos alumnos suspendidos tengas, más te pago. Parecido a lo que va a hacer Ramón Calderón con Raúl, Casillas o Drenthe (qué malo es éste).
Sin embargo, la medida de la Junta no es tan clara ni tan blanca como la camiseta madridista, porque aquí hay gato encerrado. Con este plan se está responsabilizando al profesorado andaluz (por ahora, que en Canarias también amenazan con algo parecido) ante los medios y la opinión pública de todo el proceso educativo. La culpa de suspender o de aprobar es única y exclusiva del docente. La Administración en ningún momento está asumiendo su parte de responsabilidad ni está teniendo en cuenta factores que determinan esa calidad y rendimiento escolares como el estado y el mantenimiento de los centros, el mobiliario (pizarras obsoletas, ordenadores jurásicos, cuando los hay), los materiales didácticos, las ratios (a ver quien consigue una enseñanza individualizada con treinta alumnos, alguno de ellos con necesidades educativas, otros que no saben ni español, otros conflictivos…), las plantillas inestables o la formación del profesorado. Pero es más. En ningún momento se cita en ese plan la responsabilidad del alumnado y las familias en el proceso de aprendizaje (son los padres quienes tienen que apagarles las teles, los ordenadores, las videoconsolas y ponerlos sentaditos a estudiar, que los conocimientos no llegan por obra y gracia del Espíritu Santo, sino por el esfuerzo y el estudio). Existe un preacuerdo para reducir a la mitad en 2012 el número de alumnos que o bien abandonan tras la ESO o bien lo hacen igualmente sin el título. Y entre las medidas de nuestros gobernantes está la de pagar para reducir no el fracaso, no, que eso no se reduce así, sino las estadísticas de cara a la galería, esto es, la Unión Europea. Alarmante. Vergonzante.
Normal que no me siente bien el café. Mientras, doña Mercedes Cabrera ha dicho que “los profesores deben leer con los alumnos”. Una apelación como ésta pone al descubierto la distancia insalvable que existe entre las administraciones y los centros educativos. ¿Qué creerá esta señora que hacemos en las clases? ¿Jugar al dominó? Habría que recordarle a la Ministra que se leería más si su partido, en mandatos distintos, no le hubiera cortado la cabeza a la asignatura Literatura Española, mezclada y diluida hoy entre contenidos distintos.
Otro artículo de la semana pasada del mismo diario (20/11/2008) recomienda introducir el videojuego en las aulas (las mías no tienen ni cortinas). “Échate un FIFA y aprende” podría ser el eslogan. Qué disparate. Qué pena. Qué miedo. Ya llego tarde.
José María García Linares