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miércoles, 19 de octubre de 2011

CONÉCTAME

Menuda contrariedad sufrió el mundo hace unos días. El sistema de la Black Berry se vino abajo. La nube, que llaman ahora al ciberespacio, se deshizo, tomando el ejemplo de las de verdad, que este año no aparecen por nuestro país ni en pintura. Ni gota de agua para esta España seca, ni gota de Internet para tanto navegante desesperado. Lo único que se podía hacer durante esos días con ese modelo de teléfono era llamar y mandar mensajes, se quejaban los usuarios, olvidando, tal vez, que esa es la función primordial de un teléfono móvil. O al menos así lo creíamos hasta hace bien poco, cuando no era obligatorio llevar a cuestas las jodidas tres uves dobles que han elevado al cubo nuestra ansiedad, nuestro narcisismo y, cómo olvidarlo, nuestro gasto. Hay que estar conectado en todo momento, parece ser la premisa de estos tiempos que vivimos. La cópula digital define al ser humano en este mes pre-electoral, bien a través del 3G, bien mediante puerto USB. Qué imagen esta, ¿verdad? El pendrive penetrando en el oscuro mundo de los puertos, siempre abiertos y generosos a la espera de la descarga de información. En fin, ahí queda para mentes más perversas que la mía. No sé de dónde surgirá la necesidad de tener que subir al Facebook lo que acabas de comprar en el supermercado o que te ha saltado el aceite de los calamares. Hay gente para todo. Nada ocurriría si no supiéramos que detrás de la tecnología se esconde todo un edificio ideológico y económico que se va colando en nuestros hogares día tras días hasta el punto de que acaba sentado con nosotros en el sofá y no nos damos cuenta. Porque, al final, está uno conectado continuamente a su trabajo, a la publicidad y a la espera de que le llegue determinado correo electrónico que tiene que leer para la reunión de mañana. La panacea en Educación se llama ahora Moodle, una plataforma digital en donde se cuelgan los contenidos, las actividades y se moderan los foros. Lo gracioso es que se está convirtiendo en algo cotidiano y, sin embargo, no hay horario complementario para que el docente preparare todos esos materiales. Y ahí tienes a la gente, loca con el Moodle en las salas de profesores, y sin darse cuenta de que le están enchufando el pendrive por el USB como el que no quiere la cosa, multiplicándoles trabajo sin remuneración de ningún tipo.
A este paso votaremos a través de nuestros móviles, tiempo al tiempo. Una especie de “Si quieres que gane Rubalcaba, manda RUBA al 555 lo que sea. Si, por el contrario, quieres que gane Rajoy, envía RAJO al 545 lo que sea. Seis mil euros te están esperando y pueden ser tuyos, no te lo pienses y envía…”, así, a lo María Teresa Campos o Jorge Javier Vázquez. Lo bueno de este sistema es que no votar te supondría un ahorro de un euro con cuarenta céntimos, más o menos, que es dinero, oye. No me convence ninguno. Rajoy no me gusta, ya lo he manifestado muchas veces, es un daño colateral del holocausto socialista. Rubalcaba me parece un cínico. Hablar ahora de dación cuando ha estado en el poder y no han hecho nada al respecto, aparte de soltarles billetes a las entidades bancarias. Cómo esperar que se haga cuando se ha estado y no se ha hecho. Hubiera preferido a Chacón, mire usted por dónde… Sigo sin creerme nada de lo que dicen. Más bien parecen propuestas y programas propios de una nube demagógica y embustera (el arte de la mentira, que decían los griegos) que lleva caída desde hace mucho tiempo y no hay Black Berry que la levante ni se conecte a ella.
José María García Linares (17/10/2011)

martes, 24 de mayo de 2011

AIRES DE CAMBIO


Qué bien se levanta uno en una jornada electoral como la de esta semana. Yo, que llevo echando pestes del sistema desde hace años, me he puesto en pie requeterreflexionado perdido y me he preparado un café con la satisfacción de que nos hemos convertido en un problema para el Gobierno y para la oposición. Somos, hablando en plata, un grano en el culo. Mojo las galletas (las que no se ponen blanduchas) mientras voy de un periódico a otro viendo videos, fotos y titulares. Están escocidos. A unos se les notan más los picores que a otros, pero, básicamente, bajo todas las palabra se repite el mismo discurso, aunque con excepciones. Todo pasa por las urnas, nos dicen por activa o por pasiva, y sería extraño que no lo hicieran, cuando los medios de comunicación responden y representan los intereses de las clases más poderosas de cualquier país. Evidentemente el sistema necesita de los votos. Lo que nos preguntamos muchos es por qué mi voto tiene que legitimar al sistema que sostiene a los poderosos y no al que me debe sostener a mí. Llevamos años y años oyendo quienes nacimos a finales de los 70 y principios de los 80 que votar es un derecho que costó mucho trabajo conseguir. Lo hemos oído en boca de nuestros abuelos, de nuestros padres. Votar tenía para ellos un significado de libertad y de dignidad reivindicada durante cuarenta años que no es exactamente el mismo que tiene para las nuevas generaciones. Estamos cansados de tanto bando, de tanto bipartidismo, de tanto rojo y tanto nacional, de tanta derecha que viene y de tanta izquierda que olvida sus principios. No es nuestra realidad, no son nuestros temores. Qué lastre el de la dictadura para los que ya nacimos en una España libre. Nuestra libertad y nuestra dignidad hoy están amenazadas por un sistema servil que no responde a nuestras necesidades, sino a las de la clase poderosa. Paro, recortes en los servicios sociales, imposibilidad de acceder a una vivienda y tantas otras dificultades que han acaparado las portadas de los diarios esta semana son suficientes para plantarse. Qué nos importará lo de las dos Españas si hay una tercera que está parada. Quienes nos gobiernan parecen llegar a los santos cielos cada vez que hablan de la Transición. Se les llena la boca de orgullo. Fue un momento histórico, su momento histórico. Tal vez, con todo el movimiento 15-M, haya llegado el nuestro. En uno de los diarios nacionales se publicaba ayer la foto de Francisco Camps ejerciendo su derecho en un colegio electoral. Una imagen como esta habla por sí sola. Esa es la democracia contra la que hay que luchar, contra ese tipo de democracia, que, entre otras cosas, permite a los imputados presentarse a las elecciones. Zapatero y Rajoy insisten en pedir el voto. Uno afirma con toda la poca vergüenza del mundo que su partido no ha recortado derechos sociales. El otro llena una plaza de toros de corrupción e inmoralidad, “Paco, Paco, te quiero un taco”. Gritaban el otro día las juventudes de uno de estos partidos, con sus banderitas de España por pulseras y los cuellos de sus politos levantados, que esto, lo que hacían ellos, era democracia real y no lo de la Puerta del Sol, idea repetida en medios de comunicación en los que trabaja, curiosamente, un ex banquero y ex presidiario Igual que la foto de Camps, todas estas palabras hablan por sí solas.
José María García Linares (23/05/2011)