jueves, 13 de enero de 2011

NO, QUE SON MUCHOS



¿Y ahora qué? Pues más de lo mismo. Enero se lleva las fiestas, los bombones, la familia a cientos de kilómetros y nos deja con cara de torta, entristecidos en cierta forma y con todo el año por delante. Qué espanto. Uno pensaba que este fin de año sería, efectivamente, el final de algo odioso, desagradable, pesado. Nada más lejos de la realidad. Todo sigue igual, aunque más caro. A pesar de las rebajas, todo sube y seguirá subiendo, incluso esta crisis, dicen los expertos. Para colmo de males se ha muerto el perro de la Duquesa de Alba y a Beatriz Trapote le han salido dos cuernos como dos torres gemelas. Vamos de cráneo.
Pero de cráneo, dijo mi madre el otro día cuando le conté estupefacto lo que me habían confesado unos maestros amigos míos. Ya había oído yo rumores parecidos, pero esta vez fue toda una confirmación. Ponte en situación, lector. Imagina que tú eres el maestro y yo el director o directora, depende de la manía que me tengas. Llega mayo y te pregunto (literalmente, porque esto que aquí lees es absolutamente cierto): “Fulanito, ¿cuántos van a repetir de tu cuarto (de primaria)?”. “Pues según las notas que tengo, los exámenes, los análisis y demás… por lo menos 13”. “No (te digo yo burocrático perdido), no, trece son muchos y no cabrían con los que vienen de tercero y con los que se matricularán nuevos. Que repitan dos porque no hay pupitres suficientes”. “Pero si no saben ni leer ni escribir, y además es que la media les da suspendidos…”. “Da igual, Fulanito, te vienes a mi despacho, los apruebas y listo, que cuando no se cabe, no se cabe. Me han llamado de Inspección y esto es lo que hay”. Para mear y no echar gota. Da hasta pena.
Así, por fin, se puede explicar objetivamente lo que ocurre en la enseñanza. Por fin hay una explicación para el absurdo de llegar a Primero de ESO sin haber repetido nunca y sin ser capaces de entender lo que se lee. No os exagero, lectores. Esto está ocurriendo en casi toda España, basta con acercarse a los foros educativos para quedarse helado en pleno agosto. Depende de las plazas que haya, se aprueba o se suspende. Evidentemente, cómo no pitorrearse de los Inspectores que están este curso visitando a los nuevos profesores en prácticas, si son los primeros a los que se debería inspeccionar. Estos maestros de los que hablaba arriba me confesaban también que tienen dos programaciones: la que está estupenda y es superpedagógica, llena de objetivos imposibles, de sistemas de evaluación tipo Disney, de unidades didácticas propias de un Príncipe de Asturias por si alguno de estos viene a pedirla, y luego la de verdad, la real, la que dice que no se puede enseñar cuando los niños llevan años sin coger un bolígrafo, sin hacer una cuenta, sin llevar sus libros al colegio, y la que dice que si no se sabe, no se pasa. Es escandaloso, y no solamente esta situación aquí descrita, sino que se sepa, que las comunidades educativas sean conscientes y no se diga nada en voz alta, porque se convierten en cómplices de una de las mayores mentiras que está viviendo la sociedad española.
Afortunadamente, justo cuando empezábamos a echar culebras por la boca, a mi madre se le ocurrió sacar el panettone. Para que calentarnos si esto no tiene arreglo, vamos a merendar que la vida se ve mucho mejor con el estómago lleno. A todos estos que nos engañan, que los zurzan.


José María García Linares (10/01/2011)

martes, 4 de enero de 2011

EMBARAZADO


Me puse a empujar desde que salí de la ducha el 31 por la mañana. Desnudo ante el espejo vi la luz, entre vapores. Se difuminaron mis desvelos con el vaho, mis temores se afrutaron con los olores de los geles y fui todo esperanza y buena nueva. He salido de cuentas, pensé ante mi barriga reflejada, no me he pasado con las cenas. Comprendí que no había mal que por bien no viniese y que todavía estaba a tiempo de cobrar los 2500 euros de Zapatero. Acabé arriñonado. Que no llego, me dije toda la tarde, que son las seis y aún no tengo contracciones. Apreté la correa de los vaqueros para hacer presión pero, salvo unos gases impertinentes y desconsiderados, no conseguí efecto alguno. Al final empecé el año como terminé el anterior, engordando y con mi cuenta bancaria a punto de pedir cita en el psicoanalista. Mientras llegaba la hora de las gambas los medios de comunicación se afanaban por mostrarnos lo mejor de 2010 y lo peor de 2011. Sube todo en esta España de viagra y pandereta, desesperanzada y sin humos, que seremos pobres pero con conciencia ecológica. Parece ser que lo único que seguirá bajando o bajándose son las películas y los discos por Internet, gracias a la ineptitud de la ministra Sinde, que ha estado a punto de dejarnos Sinde-scargas (el chiste no es mío, pero como pica, aquí lo dejo). A ver si se entera la artista de que no es lo mismo piratear que descargar, que en España ya se paga un canon por cada chisme tecnológico que se compra y que cualquier persona que se baje algo está pagando para hacerlo, lo que ocurre es que las perras se las lleva Telefónica o Vodafone. Pirata lo será tu… Por supuesto que hay que proteger la propiedad intelectual, pero sin tomarle el pelo al usuario, sin hacer endiablados juegos de palabras, que todavía quedamos unos pocos que no hemos estudiado con la LOGSE y que conocemos cómo funcionan los campos de poder, las relaciones que hay entre el mundo de la política y el de la empresa cultural y los intereses que se generan entre unos y otros. Ay, Sinde, que se te ve el plumero. Y yo sin dar a luz.
Ahora, el disgusto, además de mi embarazo navideño y psicológico, me lo dio Telecinco nada más entrar en 2011. Me quitan a mi García Campoy de las Mañanas de Cuatro. Si lo de Gabilondo era un síntoma, lo de mi Concha es ya una venganza. La única mesa de debate de la parrilla televisiva sin insultos ni gritos. La única con rigor y con conocimiento de causa. Veremos a ver las nuevas Mañanas. Qué pestazo a mamachicho. Esta fusión entre la cinco y la cuatro, como vulgarmente se las conoce, es una malísima noticia. Lama, te lo han puesto a huevo. Cógete el AVE, que ahí no hay controladores, y tira para la COPE con Paco y Pepe Domingo, aunque no podáis ya pediros el purito.
Menudo comienzo de año. Menos mal que todavía tienen que venir los Reyes Magos cargados de ilusión y de alegría. Esperemos que la crisis no les afecte también a ellos. Las malas lenguas dicen por la red que a los niños malos, en vez de carbón, les traerán este año mierda de camello, que es más barata y ecológica. Menos mal que tú y yo, lector, hemos sido muy buenos, sobre todo tú que, un año más, has seguido con paciencia y dedicación estas palabras mías. Que te traigan toda la felicidad y sosiego que te mereces. Felices Reyes.
José María García Linares (03/01/2011)

domingo, 2 de enero de 2011

ORTOGRAFÍA


Tiene gracia que hasta en la invitación de la RAE a la presentación de su nueva Ortografía haya errores ortográficos. Nos han dicho estos días que las fórmulas de tratamiento, títulos nobiliarios y demás ahora se escriben con minúsculas. Sin embargo, así estaba escrita la tarjetita: Presidirán Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias. Esto sólo puede ocurrir en España. ¿Se imaginan una metedura de pata semejante en Alemania? Está la Merkel como para errores de este tipo. Nada más que de imaginártela, tan teñida y enfadada, signos y letras se ponen solos.

Tendremos que escribir, dicen los informativos, guión sin tilde, como truhán (¿afectará a la canción de Julio Iglesias?) y sólo de solamente como solo de soledad (que bonito es esto, casi un verso), entre otras cosas… Como si a la gente le importara. Hace décadas que ya se escribían sin el acento ortográfico, esas y muchas otras. La que parecía haberse liado con esa ye y con la b corta. Lo que podía haber motivado un verdadero debate ortográfico al final ha quedado en eso, en nada, como no podía ser de otra manera en esta España querida, analfabeta y juerguista. Y debería haberlo provocado porque, y esto no es ninguna exageración, por primera vez en la historia de la alfabetización, las nuevas generaciones escriben peor que sus predecesoras (también leen peor y saben menos, pero no quiero hacer leña del árbol caído).

Chocan, así, las palabras del príncipe Felipe cuando hace esa alabanza y defensa del correcto escribir como “nuestra morada vital”. Aquí se le saltan a uno hasta las lágrimas, con y sin tilde, daría igual. Mientras la Academia se afana en acordar unas reglas para todas las comunidades de habla hispana, lo cual es una obligación y una exigencia, los niños de primaria se pasan en día coloreando letras, haciendo fichas, cargando sus mochilas de libros que les hacen comprar para enriquecer a las editoriales y perdidos y aburridos entre un montón de cosas sin haber aprendido, en primer lugar, las básicas: a leer y a escribir. Claro que esto daría para mucho, porque resulta que un porcentaje demasiado elevado de quienes tienen que enseñar estas cosas reconoce abiertamente que durante el curso escolar no lee ningún libro en la Facultad. Luego basta pasarse por la sala de profesores de los centros para ver los carteles plagados de faltas.

Nuestra morada bital vorvónica está bien como está, dirán muchos. Ahora este carísimo libro (cuarenta euros vale la norma) aparecerá en las listas de los más vendidos. Ya se sabe, esos libros caros que se regalan en Navidad y que no se leen, porque lo de los buenos sentimientos está bien pero hasta cierto punto. Sin embargo, al final, pasará sin pena ni gloria para el hablante normal y corriente. El analfabetismo funcional en España es imparable, si no que se lo digan a los profesores universitarios, que nos echan las culpas a los de secundaria pero ellos bien que aprueban a todo quisqui. Más que un texto, los académicos deberían llegar a un acuerdo con las grandes compañías que gestionan algunos chats, redes sociales y blogs sin límites de caracteres para que, con un sencillo programa, fuera imposible escribir con faltas de ortografía en el ciberespacio (esto debería patentarlo). De nada sirve editar una obra, que nos dicen es ambiciosa, cuando todo el mundo ya le dio la espalda muchos años antes de que apareciera.

José María García Linares (20/12/2010)


SOLIDARIDAD


Mientras preparábamos la mesa llegué a la conclusión de que estoy de Iniesta hasta la coronilla, por no citar otros lugares impúdicos. Podría, incluso, afirmar que el 24 por la noche nació en tu corazón, lector, el niño Iniesta, para traerte la paz, el amor y la esperanza que te faltan. No sólo es un gran jugador, nos dicen hasta aburrirnos, sino que también es el más solidario, porque Andrés Iniesta de Calcuta ama a los pobres, todo lo que gana se lo da a su mujer y encima no es capaz de levantarle la mano a nadie. Es la imagen de nuestra Navidad. Hasta el rey (en minúsculas, claro) don Juan Carlos lo tenía en su foto el día del discurso, más lleno de orgullo y satisfacción que nunca. Mira qué guapo está mi Andrés, estará diciendo su madre estos días, tan pálido y tan soso. Nos queda casi una semana de recuerdos y balances de todo 2010, es decir, de mundial, porque parece que no nos ha pasado otra cosa. ¿Dará Iniesta las campanadas con la capa de Ramón García? ¿Nos tomaremos las doce pelotas de fútbol el día 31? Qué agotamiento. O escucha uno a Rajoy y a Zapatero con sus discursos vacíos y caducos o a esta panda de niños millonarios diciendo “yo pienso que” hasta el aburrimiento y con la boca llena de natillas. Por eso prefiero a Guti, porque el futbolista es futbolista, no esa especie de hermanita de la caridad que nos venden Manolo Lama o María Escario. Guti es egoísta, mal criado, bebe, te hace la peineta, te manda a tomar por culo y se pone mechas. Pero no te miente. Está forrado. Lo único que hace es pegarle patadas a un balón. Ha triunfado y no necesita que nos inventemos valores y bondades para justificar su fortuna en un mundo cada vez más desigual, empobrecido y borrico. Guti da positivo en un control de alcoholemia y no tiene por qué ocurrir nada, lo importante es que meta bien el último pase, aunque vea doble. Los dioses de cualquier mitología son así, egocéntricos, promiscuos, avariciosos, juerguistas y poderosos. Zeus, Dionisos, Apolo, Hades…Cristiano, Eto’o, Guti, etc. Todo lo demás son mojigaterías. Partido por tal cosa, partido por tal otra. Amigos de Fulanito contra amigos de Menganito. Doy cuatro carreritas hoy, les mandamos unos euros en Navidad a los muertos de hambre, y el resto del año sigo engordando mis sacas con maquinillas de afeitar, refrescos de cola, zapatillas y monovolúmenes. Y además negocio la mejora de mi contrato con el real no sé qué, porque quiero ganar lo mismo que Zutano, mis cuatro millones de euros por temporada. No me des menos que si no los valores que representa esta camiseta se los va a fumar Guti, que yo me voy con el de enfrente, que sí que me valora.
En fin. Qué engañabobos. Yo me estoy poniendo ciego de langostinos mientras hay gente que rebusca en los contenedores. Mis cuotas de ACNUR y Ayuda en Acción están pagadas, así que esto no me puede sentar mal. Se cena mejor con la conciencia tranquila, por mucho paro que haya y familias empobrecidas. Qué felices que somos y qué solidarios, tanto Iniesta como yo, aunque él gane más. Res

José María García Linares (27/12/2010)

viernes, 17 de diciembre de 2010

DESASOSIEGO


Ya están las calles llenitas por las tardes de gente dando vueltas y comprando de todo, o al menos esa es la impresión. Parece que este año lo de salir se sigue manteniendo como tradición, pero lo de gastarse los cuartos está resultando más complicado de lo habitual. Es como el dicho aquel tan ordinario pero certero de “mear y no echar gota”. Pues lo mismo. Entrar en mil tiendas y no comprar en ninguna. Me acuerdo de mis abuelos, cuando tenían las tiendas de zapatos, y alguna vez nos quedábamos mis hermanas y yo con ellos, en la trastienda o sentaditos junto al mostrador, porque éramos muy buenos o teníamos que serlo, que los Reyes Magos acechaban (este componente siniestro de los Magos es muy necesario, y más a ciertas edades). Eran tardes de castañas y zapatería, y había gente que pedía que le enseñaran tropecientos modelos, que llegaban incluso a probarse, para no llevarse después ninguno. Ay, las ventas, decía mi abuela. En palabras de los expertos, esta campaña navideña será así o peor. Ya veremos.
En estas fechas tan borbónicas, es decir, tan señaladas y llenas de satisfacción, las pequeñas ciudades parecen despertar de su letargo otoñal y respiran esperanzadas, ojalá todo el año sigua igual, ojalá siempre estén de vuelta los estudiantes, por Dios que el Alcalde no nos quite las luces, etc. Qué bonita es la inocencia, que dicen nuestros mayores. Claro, así el ocho de enero esto es un crujir de dientes.
Mi parienta y yo no hemos podido dar la vueltecita este fin de semana porque hemos estado secuestrados por el Concurso de Traslados. Aquí en Canarias, por el desfase horario, digo yo que será por eso, hemos tardado unas quince horas en cumplimentar la solicitud por Internet, porque las lumbreras de la Consejería de Educación han puesto a nuestro alcance una página web arcaica, lenta, desesperante y que ha estado caída durante todo el puente pasado. Hasta cuarenta y cinco minutos ha llegado a tardar una compañera en introducir un centro en su solicitud. Algo vergonzoso. Además, con esto de hacerlo ahora todo telemáticamente, uno no sabe a quién llamar para que le solucionen los problemas. Los responsables administrativos viven escondidos tras las pantallas de los ordenadores y no hay forma humana de dar con ellos.
Así que aquel texto de Larra tan conocido y español de “Vuelva usted mañana” ha pasado a convertirse en un “Búsquese la vida” digital y posmoderno. Qué angustia, qué nervios y qué indignación. Hemos llegado, fíjate qué extremos, lector, a beber vino y gintonics para poder pasar con dignidad este mal trago. Quién nos devuelve a nosotros nuestro paseíto por el centro, amarraditos los dos, espumas y terciopelo, y con los monederos pelados el sábado por la tarde.
Y ya es domingo. Acabo de levantarme con todo tipo de dolores musculares. En el cuello, en la espalda, en los antebrazos, de tantas horas como hemos estado delante del ordenador para poder concursar. Me llama hace un rato mi señora para decirme que hoy sí, que hoy me saca, que estamos apolillados y olemos al baúl de La Piquer. Más contento que unas Pascuas te dejo, lector amigo y confidente, porque estoy reventado y sin ideas, exprimido y desasosegado, y casi no doy ni para una columna. Voy a airearme, a llenarme la vista de luces y a no comprar nada.


José María García Linares (13/12/2010)

domingo, 12 de diciembre de 2010

CONCURSO DE TRASLADOS

Una tierra única… Es éste el encabezado de la aplicación informática que la Consejería de Educación ha preparado para rellenar la documentación del Concurso de Traslados de los docentes de estas benditas islas. Y claro, después de diez horas de bloqueos, cuelgues, errores, atascos, etc., verdaderamente se puede afirmar que no sólo es única, sino irrepetible. Las susodichas horas, ni una menos en Canarias, las he repartido entre el viernes diez y el sábado once, a dos días de la finalización del plazo de entrega, no por dejadez ni falta de previsión, sino porque durante el puente de la Constitución la página ha estado fuera de servicio. Lo cierto es que no se puede hablar aquí de incoherencia. Tenemos una Administración en sintonía con los resultados del último informe PISA. De las primeras pero por la cola. Ya se sabe que estos datos siempre son interpretables.
No debemos perder nuestras tradiciones. Hay que proteger el pasado de los envites del olvido, por eso esta Consejería sigue apostando por una red arcaica, lenta, inoperante y apolillada, de esas que sufríamos cuando teníamos tarifa plana, allá por el año 2000, cuando teníamos un correo ole.com. Le dabas a la pestaña y podías ponerte a calar, a jugar a la bola, a tomarte una cerveza, qué suerte vivir aquí. Luego hay que ver a los responsables en los medios de comunicación hablando de las nuevas tecnologías y de la calidad de los servicios. Las bocas llenas, a punto de estallar de orgullo, con ese subidón de gofio digital que lo flipas. Pero si lo tecnológico no funciona por ineptitud o tacañería, lo tradicional, lo de toda la vida, tampoco. En la misma página web se informa al profesorado de que los sobres oficiales para participar en el Concurso se han acabado y que deberá ser el participante el que los aporte. Toma castaña. Menuda convocatoria. Cubiertos hasta las trancas de gloria. Les ha faltado decirnos que nos acerquemos al estanco, mire usted, o al quiosco de la rambla. Como puede suponer el lector de estas líneas, no es por el hecho de comprar un sobre. Es por lo patético de la situación, por la precariedad del servicio.
A todo esto, llames a donde llames, nadie sabe nada, porque desde que el papeleo se hace telemáticamente, como ellos llaman a este desastre, la vida se la tiene que buscar uno, como en los tiempos de nuestros abuelos, que ahora están ustedes acostumbrados a que se les dé todo hecho. En las sociedades contemporáneas, líquidas como las llama Bauman, las instituciones que antaño ofrecían seguridad, solidez, a los ciudadanos, se van deshaciendo, licuando, con la pérdida de responsabilidades que ello supone. De la misma manera, estas formaciones sociales digitalizadas y tecnológicas se caracterizan porque en ellas las fuerzas en lucha, los poderes en otro tiempo bien localizados, ahora parecen haber desaparecido. No es que no haya poderes, sino que no se sabe bien dónde están. La llamada ubilocación. Hacia dónde mirar, cuando se necesita ayuda.
Y así llevamos días perdidos, sofocados, nerviosos, aburridos y desesperados, porque además no es que estemos hablando de Hacienda, del Catastro, de Tráfico, sino de nuestra propia Administración, la educativa, la misma que luego exige que las notas y los informes estén en el día establecido, sin retrasos ni demoras. Estamos llegando a un límite en el que la brutal burocratización de nuestra vida y nuestro trabajo está haciéndoles olvidar a quienes tienen la obligación de no hacerlo que no somos un número, sino trabajadores, personas. Junto a todo ello, esta nueva telematización de la docencia está desviando el trabajo de los administradores hacia los propios docentes, que, por ejemplo, una vez que tenemos impresa la solicitud, debemos escribir en cada documento aportado el número de registro que genera el programa, es decir, como si le diéramos un registro de entrada a un papel en una administración cualquiera. Como modelo laboral no está mal del todo. Podríamos preparar para el próximo curso un temario que explicarían los padres y madres en sus casas, mientras nosotros nos quedamos sentados en la nuestra o tomando desayunos de hora y media y que examinaríamos de vez en cuando. Así trabajaríamos menos y cobraríamos lo mismo. No me digan que no es interesante.
Una tierra única, ya lo dice la página web de la Consejería. Es la guinda del pastel. Alumnos hacinados, aulas prefabricadas, como los mcnuggets de pollo, plan de sustituciones cortas, bajas sin cubrir, arcaicas tecnologías… Una educación de calidad, moderna y vanguardista (no de avanzada, sino de que se lo van guardando…). En fin. Un desastre.
José María García Linares (12/12/2010)

jueves, 9 de diciembre de 2010

GRAN WIKI


Quién le iba a decir a Mercedes Milá hace diez años que aquella frase de “la vida en directo” iba a ser premonitoria hasta el exceso. Había precedentes, claro, con la novela de Orwell, 1984, y su Gran Ojo controlándolo todo, y el film El Show de Truman, en donde la vida de un hombre se retransmitía, sin él saberlo, desde su nacimiento en un programa de televisión. Todos los que lo rodeaban eran actores y todo lo que lo rodeaba era un enorme plató de televisión. Una mezcla, en ambos casos, de engaño y transparencia.
Que estamos vigilados es obvio. Obvio es también que cuando hablamos por un móvil o mandamos un e-mail, alguien está pendiente, y no precisamente el destinatario escogido por nosotros. Igualmente, es evidente que desde que tenemos un DNI estamos registrados y que eso de vivir en libertad es uno de los grandes mitos de la modernidad. Hay cámaras por todos sitios, en las calles, en los institutos, en los centros comerciales. Nuestros ordenadores, por poner otro ejemplo, son diariamente asaltados por programas casi imperceptibles que transfieren información privada.
Así que si ahora les ha tocado a los gobiernos aguantar las intromisiones, sólo nos queda disfrutarlo. Wikileaks se ha convertido en el Gran Hermano de la política y además haciendo gala de los valores democráticos tan ensalzados. Sin castings, para todos igual. Cualquier mandatario tiene una cama en esta nueva casa de Guadalix de la Tierra. Julian Assange, mucho mejor vestido que la Milá, todo hay que decirlo, ha llegado hasta nuestros hogares con este experimento sociológico tan denostado en otros tiempos pero que ha acabado por evidenciar lo que ya se sospechaba y se intuía, es decir, que vivimos en un estado en donde la mentira se denomina transparencia. El espectáculo está garantizado, y así hemos podido ver insultos entre lo concursantes, edredoning entre embajadores y jueces, sexo entre el gobierno español y el norteamericano, pruebas semanales como “persigue a Garzón” o “esconde a José Couso”, etc.
Y todo, además, nos lo van enseñando poco a poco, para crear tensión. Hay que estar incluso pendientes de la publicidad por si acaso nos desvelaran entre noticia y noticia algún otro dato. Apasionante. Las expulsiones están, además, a la vuelta de la esquina. Una vez nominados tantos políticos, alguien tendrá que salir de la casa para que Mercedes Assange le haga la entrevista… Con un panorama como éste la ciudadanía debería tomar medidas “a lo controlador”, es decir, salvajes. Me estoy acordando de Saramago y su Ensayo sobre la lucidez, premonitoria también como la novela de Orwell, en la que, de repente, el día de las votaciones todos los ciudadanos, sin ponerse de acuerdo, votan en blanco (no a Blanco). Qué bien sonaría eso de “la audiencia ha decidido…que deben abandonar la casa… todo quisqui”. Qué pandilla de sinvergüenzas.
Nos toman el pelo, nos engañan, nos tratan como a estúpidos, incluso no secuestran, como en estos primero días del puente de Lo Inconstitucional, o de Lo Maculado, de la cantidad de mierda derramada por los aeropuertos. Estamos desprotegidos, desarmados y, ahora sin lugar a dudas, engañados. No le queda a uno más que aguantar lo que le caiga, porque y no se puede hacer otra cosa. Qué tiempos vivimos. Si hasta el del anuncio de El Almendro se ha quedado tirado en Barajas. Te puedes plantear incluso que estos tipos y tipas estén trabajando de tapado para RENFE. Desde luego que si yo viviera en la Península, no cogía un avión ni aunque me regalaran el billete y el sándwich de lechuga pocha y queso duro.


José María García Linares (06/12/2010)