domingo, 2 de enero de 2011

SOLIDARIDAD


Mientras preparábamos la mesa llegué a la conclusión de que estoy de Iniesta hasta la coronilla, por no citar otros lugares impúdicos. Podría, incluso, afirmar que el 24 por la noche nació en tu corazón, lector, el niño Iniesta, para traerte la paz, el amor y la esperanza que te faltan. No sólo es un gran jugador, nos dicen hasta aburrirnos, sino que también es el más solidario, porque Andrés Iniesta de Calcuta ama a los pobres, todo lo que gana se lo da a su mujer y encima no es capaz de levantarle la mano a nadie. Es la imagen de nuestra Navidad. Hasta el rey (en minúsculas, claro) don Juan Carlos lo tenía en su foto el día del discurso, más lleno de orgullo y satisfacción que nunca. Mira qué guapo está mi Andrés, estará diciendo su madre estos días, tan pálido y tan soso. Nos queda casi una semana de recuerdos y balances de todo 2010, es decir, de mundial, porque parece que no nos ha pasado otra cosa. ¿Dará Iniesta las campanadas con la capa de Ramón García? ¿Nos tomaremos las doce pelotas de fútbol el día 31? Qué agotamiento. O escucha uno a Rajoy y a Zapatero con sus discursos vacíos y caducos o a esta panda de niños millonarios diciendo “yo pienso que” hasta el aburrimiento y con la boca llena de natillas. Por eso prefiero a Guti, porque el futbolista es futbolista, no esa especie de hermanita de la caridad que nos venden Manolo Lama o María Escario. Guti es egoísta, mal criado, bebe, te hace la peineta, te manda a tomar por culo y se pone mechas. Pero no te miente. Está forrado. Lo único que hace es pegarle patadas a un balón. Ha triunfado y no necesita que nos inventemos valores y bondades para justificar su fortuna en un mundo cada vez más desigual, empobrecido y borrico. Guti da positivo en un control de alcoholemia y no tiene por qué ocurrir nada, lo importante es que meta bien el último pase, aunque vea doble. Los dioses de cualquier mitología son así, egocéntricos, promiscuos, avariciosos, juerguistas y poderosos. Zeus, Dionisos, Apolo, Hades…Cristiano, Eto’o, Guti, etc. Todo lo demás son mojigaterías. Partido por tal cosa, partido por tal otra. Amigos de Fulanito contra amigos de Menganito. Doy cuatro carreritas hoy, les mandamos unos euros en Navidad a los muertos de hambre, y el resto del año sigo engordando mis sacas con maquinillas de afeitar, refrescos de cola, zapatillas y monovolúmenes. Y además negocio la mejora de mi contrato con el real no sé qué, porque quiero ganar lo mismo que Zutano, mis cuatro millones de euros por temporada. No me des menos que si no los valores que representa esta camiseta se los va a fumar Guti, que yo me voy con el de enfrente, que sí que me valora.
En fin. Qué engañabobos. Yo me estoy poniendo ciego de langostinos mientras hay gente que rebusca en los contenedores. Mis cuotas de ACNUR y Ayuda en Acción están pagadas, así que esto no me puede sentar mal. Se cena mejor con la conciencia tranquila, por mucho paro que haya y familias empobrecidas. Qué felices que somos y qué solidarios, tanto Iniesta como yo, aunque él gane más. Res

José María García Linares (27/12/2010)

viernes, 17 de diciembre de 2010

DESASOSIEGO


Ya están las calles llenitas por las tardes de gente dando vueltas y comprando de todo, o al menos esa es la impresión. Parece que este año lo de salir se sigue manteniendo como tradición, pero lo de gastarse los cuartos está resultando más complicado de lo habitual. Es como el dicho aquel tan ordinario pero certero de “mear y no echar gota”. Pues lo mismo. Entrar en mil tiendas y no comprar en ninguna. Me acuerdo de mis abuelos, cuando tenían las tiendas de zapatos, y alguna vez nos quedábamos mis hermanas y yo con ellos, en la trastienda o sentaditos junto al mostrador, porque éramos muy buenos o teníamos que serlo, que los Reyes Magos acechaban (este componente siniestro de los Magos es muy necesario, y más a ciertas edades). Eran tardes de castañas y zapatería, y había gente que pedía que le enseñaran tropecientos modelos, que llegaban incluso a probarse, para no llevarse después ninguno. Ay, las ventas, decía mi abuela. En palabras de los expertos, esta campaña navideña será así o peor. Ya veremos.
En estas fechas tan borbónicas, es decir, tan señaladas y llenas de satisfacción, las pequeñas ciudades parecen despertar de su letargo otoñal y respiran esperanzadas, ojalá todo el año sigua igual, ojalá siempre estén de vuelta los estudiantes, por Dios que el Alcalde no nos quite las luces, etc. Qué bonita es la inocencia, que dicen nuestros mayores. Claro, así el ocho de enero esto es un crujir de dientes.
Mi parienta y yo no hemos podido dar la vueltecita este fin de semana porque hemos estado secuestrados por el Concurso de Traslados. Aquí en Canarias, por el desfase horario, digo yo que será por eso, hemos tardado unas quince horas en cumplimentar la solicitud por Internet, porque las lumbreras de la Consejería de Educación han puesto a nuestro alcance una página web arcaica, lenta, desesperante y que ha estado caída durante todo el puente pasado. Hasta cuarenta y cinco minutos ha llegado a tardar una compañera en introducir un centro en su solicitud. Algo vergonzoso. Además, con esto de hacerlo ahora todo telemáticamente, uno no sabe a quién llamar para que le solucionen los problemas. Los responsables administrativos viven escondidos tras las pantallas de los ordenadores y no hay forma humana de dar con ellos.
Así que aquel texto de Larra tan conocido y español de “Vuelva usted mañana” ha pasado a convertirse en un “Búsquese la vida” digital y posmoderno. Qué angustia, qué nervios y qué indignación. Hemos llegado, fíjate qué extremos, lector, a beber vino y gintonics para poder pasar con dignidad este mal trago. Quién nos devuelve a nosotros nuestro paseíto por el centro, amarraditos los dos, espumas y terciopelo, y con los monederos pelados el sábado por la tarde.
Y ya es domingo. Acabo de levantarme con todo tipo de dolores musculares. En el cuello, en la espalda, en los antebrazos, de tantas horas como hemos estado delante del ordenador para poder concursar. Me llama hace un rato mi señora para decirme que hoy sí, que hoy me saca, que estamos apolillados y olemos al baúl de La Piquer. Más contento que unas Pascuas te dejo, lector amigo y confidente, porque estoy reventado y sin ideas, exprimido y desasosegado, y casi no doy ni para una columna. Voy a airearme, a llenarme la vista de luces y a no comprar nada.


José María García Linares (13/12/2010)

domingo, 12 de diciembre de 2010

CONCURSO DE TRASLADOS

Una tierra única… Es éste el encabezado de la aplicación informática que la Consejería de Educación ha preparado para rellenar la documentación del Concurso de Traslados de los docentes de estas benditas islas. Y claro, después de diez horas de bloqueos, cuelgues, errores, atascos, etc., verdaderamente se puede afirmar que no sólo es única, sino irrepetible. Las susodichas horas, ni una menos en Canarias, las he repartido entre el viernes diez y el sábado once, a dos días de la finalización del plazo de entrega, no por dejadez ni falta de previsión, sino porque durante el puente de la Constitución la página ha estado fuera de servicio. Lo cierto es que no se puede hablar aquí de incoherencia. Tenemos una Administración en sintonía con los resultados del último informe PISA. De las primeras pero por la cola. Ya se sabe que estos datos siempre son interpretables.
No debemos perder nuestras tradiciones. Hay que proteger el pasado de los envites del olvido, por eso esta Consejería sigue apostando por una red arcaica, lenta, inoperante y apolillada, de esas que sufríamos cuando teníamos tarifa plana, allá por el año 2000, cuando teníamos un correo ole.com. Le dabas a la pestaña y podías ponerte a calar, a jugar a la bola, a tomarte una cerveza, qué suerte vivir aquí. Luego hay que ver a los responsables en los medios de comunicación hablando de las nuevas tecnologías y de la calidad de los servicios. Las bocas llenas, a punto de estallar de orgullo, con ese subidón de gofio digital que lo flipas. Pero si lo tecnológico no funciona por ineptitud o tacañería, lo tradicional, lo de toda la vida, tampoco. En la misma página web se informa al profesorado de que los sobres oficiales para participar en el Concurso se han acabado y que deberá ser el participante el que los aporte. Toma castaña. Menuda convocatoria. Cubiertos hasta las trancas de gloria. Les ha faltado decirnos que nos acerquemos al estanco, mire usted, o al quiosco de la rambla. Como puede suponer el lector de estas líneas, no es por el hecho de comprar un sobre. Es por lo patético de la situación, por la precariedad del servicio.
A todo esto, llames a donde llames, nadie sabe nada, porque desde que el papeleo se hace telemáticamente, como ellos llaman a este desastre, la vida se la tiene que buscar uno, como en los tiempos de nuestros abuelos, que ahora están ustedes acostumbrados a que se les dé todo hecho. En las sociedades contemporáneas, líquidas como las llama Bauman, las instituciones que antaño ofrecían seguridad, solidez, a los ciudadanos, se van deshaciendo, licuando, con la pérdida de responsabilidades que ello supone. De la misma manera, estas formaciones sociales digitalizadas y tecnológicas se caracterizan porque en ellas las fuerzas en lucha, los poderes en otro tiempo bien localizados, ahora parecen haber desaparecido. No es que no haya poderes, sino que no se sabe bien dónde están. La llamada ubilocación. Hacia dónde mirar, cuando se necesita ayuda.
Y así llevamos días perdidos, sofocados, nerviosos, aburridos y desesperados, porque además no es que estemos hablando de Hacienda, del Catastro, de Tráfico, sino de nuestra propia Administración, la educativa, la misma que luego exige que las notas y los informes estén en el día establecido, sin retrasos ni demoras. Estamos llegando a un límite en el que la brutal burocratización de nuestra vida y nuestro trabajo está haciéndoles olvidar a quienes tienen la obligación de no hacerlo que no somos un número, sino trabajadores, personas. Junto a todo ello, esta nueva telematización de la docencia está desviando el trabajo de los administradores hacia los propios docentes, que, por ejemplo, una vez que tenemos impresa la solicitud, debemos escribir en cada documento aportado el número de registro que genera el programa, es decir, como si le diéramos un registro de entrada a un papel en una administración cualquiera. Como modelo laboral no está mal del todo. Podríamos preparar para el próximo curso un temario que explicarían los padres y madres en sus casas, mientras nosotros nos quedamos sentados en la nuestra o tomando desayunos de hora y media y que examinaríamos de vez en cuando. Así trabajaríamos menos y cobraríamos lo mismo. No me digan que no es interesante.
Una tierra única, ya lo dice la página web de la Consejería. Es la guinda del pastel. Alumnos hacinados, aulas prefabricadas, como los mcnuggets de pollo, plan de sustituciones cortas, bajas sin cubrir, arcaicas tecnologías… Una educación de calidad, moderna y vanguardista (no de avanzada, sino de que se lo van guardando…). En fin. Un desastre.
José María García Linares (12/12/2010)

jueves, 9 de diciembre de 2010

GRAN WIKI


Quién le iba a decir a Mercedes Milá hace diez años que aquella frase de “la vida en directo” iba a ser premonitoria hasta el exceso. Había precedentes, claro, con la novela de Orwell, 1984, y su Gran Ojo controlándolo todo, y el film El Show de Truman, en donde la vida de un hombre se retransmitía, sin él saberlo, desde su nacimiento en un programa de televisión. Todos los que lo rodeaban eran actores y todo lo que lo rodeaba era un enorme plató de televisión. Una mezcla, en ambos casos, de engaño y transparencia.
Que estamos vigilados es obvio. Obvio es también que cuando hablamos por un móvil o mandamos un e-mail, alguien está pendiente, y no precisamente el destinatario escogido por nosotros. Igualmente, es evidente que desde que tenemos un DNI estamos registrados y que eso de vivir en libertad es uno de los grandes mitos de la modernidad. Hay cámaras por todos sitios, en las calles, en los institutos, en los centros comerciales. Nuestros ordenadores, por poner otro ejemplo, son diariamente asaltados por programas casi imperceptibles que transfieren información privada.
Así que si ahora les ha tocado a los gobiernos aguantar las intromisiones, sólo nos queda disfrutarlo. Wikileaks se ha convertido en el Gran Hermano de la política y además haciendo gala de los valores democráticos tan ensalzados. Sin castings, para todos igual. Cualquier mandatario tiene una cama en esta nueva casa de Guadalix de la Tierra. Julian Assange, mucho mejor vestido que la Milá, todo hay que decirlo, ha llegado hasta nuestros hogares con este experimento sociológico tan denostado en otros tiempos pero que ha acabado por evidenciar lo que ya se sospechaba y se intuía, es decir, que vivimos en un estado en donde la mentira se denomina transparencia. El espectáculo está garantizado, y así hemos podido ver insultos entre lo concursantes, edredoning entre embajadores y jueces, sexo entre el gobierno español y el norteamericano, pruebas semanales como “persigue a Garzón” o “esconde a José Couso”, etc.
Y todo, además, nos lo van enseñando poco a poco, para crear tensión. Hay que estar incluso pendientes de la publicidad por si acaso nos desvelaran entre noticia y noticia algún otro dato. Apasionante. Las expulsiones están, además, a la vuelta de la esquina. Una vez nominados tantos políticos, alguien tendrá que salir de la casa para que Mercedes Assange le haga la entrevista… Con un panorama como éste la ciudadanía debería tomar medidas “a lo controlador”, es decir, salvajes. Me estoy acordando de Saramago y su Ensayo sobre la lucidez, premonitoria también como la novela de Orwell, en la que, de repente, el día de las votaciones todos los ciudadanos, sin ponerse de acuerdo, votan en blanco (no a Blanco). Qué bien sonaría eso de “la audiencia ha decidido…que deben abandonar la casa… todo quisqui”. Qué pandilla de sinvergüenzas.
Nos toman el pelo, nos engañan, nos tratan como a estúpidos, incluso no secuestran, como en estos primero días del puente de Lo Inconstitucional, o de Lo Maculado, de la cantidad de mierda derramada por los aeropuertos. Estamos desprotegidos, desarmados y, ahora sin lugar a dudas, engañados. No le queda a uno más que aguantar lo que le caiga, porque y no se puede hacer otra cosa. Qué tiempos vivimos. Si hasta el del anuncio de El Almendro se ha quedado tirado en Barajas. Te puedes plantear incluso que estos tipos y tipas estén trabajando de tapado para RENFE. Desde luego que si yo viviera en la Península, no cogía un avión ni aunque me regalaran el billete y el sándwich de lechuga pocha y queso duro.


José María García Linares (06/12/2010)

lunes, 29 de noviembre de 2010

METERLA


Qué envidia. Hubo un momento la semana pasada en el que yo también quise ser catalán para poder ejercer mi derecho a meterla, hasta que me di cuenta de que estaban hablando de papeletas, claro. ¡Ay!, afloró a mi psique todo el poso antropológico de tanto anuncio electo-sexual, mis pulsiones freudianas se desataron como una cabalgata el día del Orgullo, me empaché de libido y, evidentemente, uno no es de acero. Y además, pensé de repente ante la tristura que nos rodea, cualquier día de estos nos recortan hasta los arrumacos. Todo es cuestión de confianza: en los programas, en los candidatos, en el futuro. “Hay que generar confianza en los mercados”. Hasta esta frase se me vuelve picarona recordando aquellos tiempos universitarios, cuando se encopetaba uno a ver si pillaba algo por la noche y lo único que se llevaba era la borrachera de garrafón de la calle Pedro Antonio y el más lanzado te decía a la mañana siguiente que hasta que no te lo creas, no tapeas, asqueado como estaba de la panzada de “croquetas” que se había metido. Cuántas veces quisimos, entonces, ejercer nuestro derecho al voto (o a las croquetas), ser más catalanes que nadie, con lo comprometidos que siempre han estado los jóvenes con los sufragios.
Evidentemente hasta la magia está en crisis y todo se trataba, nuevamente en el presente, de un malévolo plan publicitario. Irá poca gente a votar. A ver quién se va a conformar con meter el papelito en la urna cuando ha tenido pensamientos mucho más interesantes y conmovedores. Pensamientos anticrisis. No se extrañe nadie si acuden en masa congregaciones de religiosos y religiosas a las urnas, incluso de Móstoles. Los pobres. Toda la vida cerrando el grifo (al menos la mayoría). Eso sí que es abstención y no la de las estadísticas. Tal vez sea la única manera, el ir a votar allí en Cataluña, en la que justifiquen ante sus jerarquías los ojos vueltos, las exclamaciones, esos “vivo sin vivir en mí” tan democráticos. En cuatro años está aquello lleno de hermanos y hermanas empadronados hasta en Vic, incluso los habrá ilegales escondidos en pisos-convento. ¡Ay!, Teresa de Cepeda, qué visionaria. Cómo levitaba en mitad de sus premoniciones catalanistas e inefables. Me noto excesivamente sensible, con tanta interjección.
Total, que al final ni revolcón ni Barça-Madrid. Las elecciones (ya no erecciones) nos han dejado un domingo abstemio sin cerveza y sin ese partido que vemos incluso los que no seguimos el fútbol. Nos iba a dar la salsilla, huérfanos como estamos este año de centros comerciales y de reuniones prenavideñas. Claro, habrán pensado los políticos, vamos a echar el partido al lunes que la salsa ya la hemos puesto nosotros. Qué guarros, de verdad. No, no me acuséis a mí de cochinadas que yo no he dicho. Tal vez las haya pensado, sí, pero por mi boca no ha salido nada. ¿Tú ves lo que pasa con estas cosas? Ya no puede uno escribir ‘boca’, ‘salsilla’ ‘salir’, ‘entrar’ sin ruborizarse ni apurarse ni sentirse catalán. Adéu.

José María García Linares (28/11/2010)

lunes, 22 de noviembre de 2010

PADRES NO HAY MÁS QUE ALGUNOS...


En una columna como esta prometí no ir más al cine. El ruido, los móviles, la falta de educación… Lamentablemente sufrí ayer sábado una recaída y planté mis posaderas en una butaca para ver Harry Potter y las reliquias de la muerte, Parte 1, no autorizada para menores de siete años. La culpa es mía, por supuesto, por pensar que lo que me pasó la vez anterior fue un hecho excepcional y puntual. Me he vuelto a equivocar. Tres mamás celebraban el cumpleaños de un demonio de cinco años y llevaron a todos sus amiguitos a ver una película que no es para niños. El follón era inevitable. Estuvieron toda la película poniéndose de pie, llamando a los críos, sacándolos al baño, y tan contentas. Estos mini-revolucionarios son los adolescentes que dentro de diez años estarán liándola parda en mitad de otra película cualquiera, porque nadie les ha dicho que al cine se va para estar en silencio y para ver una película.

Esto que te cuento, lector, no es más que una pequeña anécdota, pero que viene al caso en una semana en la que se han sucedido varias noticias relacionadas con la educación que reciben o no reciben los hijos en sus casas. Un padre compungido porque su joven pipiolo ha estado a punto de morir con catorce años porque sus amigos le echaron drogas en el cubata (el problema eran esas sustancias, no que con esa edad estuviera refrescándose el gaznate); una chica que tuvo que cambiar de instituto porque la acosaban por Tuenti; unos menores y tres jóvenes más que dispararon a la casa y al coche de dos profesores… Tres noticias que han compartido la parrilla de la actualidad con otra mucho más desagradable. Dos perros matan a bocados a un hombre e hieren de gravedad a otro, el hijo de la víctima mortal. No había dudas. Los dueños, nos han dicho desde las tertulias televisivas, los diarios, los informativos y demás, son responsables de los animales, y es más, depende de cómo se eduque al perro, así serán sus comportamientos. No cabe solución distinta. El dueño debe pagar por los comportamientos de su perro. El paralelismo, por simple, es demoledor.

Lo que es incompresible es que cuando se habla de menores toda esta evidencia se ponga en cuestión. Por supuesto que los padres del acosador por Tuenti deben pagar los cinco mil euros de multa. Son los tutores legales de sus hijos, los responsables de su educación y de sus comportamientos. Ya está bien de buscar fuera, en las instituciones, a los responsables de los actos de los niños y adolescentes. Las nuevas generaciones de padres y madres se han acostumbrado a que lo que antes era responsabilidad de los progenitores ahora lo sea del Estado. Cuando se trata de tener un hijo, todo es pedir. Ayudas, becas, libros de texto…, y todo gratuitamente. Si el Estado obligara a las familias que se desentienden de la educación de sus hijos en los centros de enseñanza a devolver lo que ese mismo Estado ha invertido durante el curso en el niño, otro gallo cantaría, por poner un ejemplo. Estamos ante un problema de educación en los hogares, de despreocupación por lo que hacen los pequeños, de abandono de las responsabilidades paternales más básicas. Nos dicen también en los periódicos que el consumo de alcohol entre jóvenes de 12 y 16 años ha aumentado considerablemente. Digo yo que alguien los tiene que dejar salir y volver, como dice el estudio, a las cuatro de la mañana. Luego hay peleas, violaciones, robos, navajazos, y claro, la culpa es de la policía…

A esos hijos de Belcebú que no me dejaron ver a Potter nadie les regañó en un momento en el que debieron ser advertidos. Cualquiera les dice nada dentro de unos años.

José María García Linares (22/11/2010)

martes, 16 de noviembre de 2010

EL INSOPORTABLE PESO DE LA LETRA DIGITAL



Cómo está el sector editorial en estos días de premios y comilonas. Los editores no esperaban que la crisis les iba a afectar también a ellos de esta manera, heraldos de la cultura y la ambrosía. La gente no sólo no compra libros, sino que además reconoce abiertamente descargárselos por Internet. Pobre Lara, lo mal que lo estará pasando su Planeta. La situación se parece a la que vivió y sigue viviendo la industria musical, con la diferencia de que las editoriales han tenido mucho tiempo para buscar soluciones y se han dormido en los laureles. Cuando la cultura se convierte en mercancía, las leyes que la rigen son las económicas, como en el resto de los sectores. Se trata de que el cliente lo quiera todo, lo desee, lo anhele y lo compre, que entre en una franquicia de ropa y quiera veinte camisetas…
Los mercados negros, las falsificaciones y la piratería son un producto del atroz mercado capitalista. Relojes, jerséis, botas de fútbol, pantalones, perfumes, juguetes, discos, etc., todos copiados, robados o imitados para poder satisfacer el deseo artificial que las propias empresas falsificadas han creado en los clientes. Convertir al libro en un objeto de consumo, en un producto de cultura de masas, tiene su beneficio para estas empresas pero también sus inconvenientes. Se despierta en los supuestos lectores el deseo de tener éste y éste y éste también, vaya a ser que se acaben. Llenar las librerías de novedades día sí y día no tiene los mismos efectos que si Sony pusiera a la venta cada dos días un nuevo aparatito para escuchar música. Qué es el Premio Planeta si no un negocio editorial, y el Alfaguara y el Primavera y tantos otros más que los propios jurados reconocen, años después, que calidad, lo que se dice calidad, tenían bien poca, pero a alguien había que entregárselo para que pudiera venderse. Además, haber convertido al libro en mercancía supone que lo importante para los compradores es precisamente el poder comprarlos, dado que los autores se convierten en marcas, el tenerlos, por encima de cualquier otra cosa. El último modelo de zapatillas, el último de calzoncillo, el último de mp3 y el último libro de Fulanito, aunque no valga un pimiento.
Pero hay algo más. La sobreproducción de libros en papel, la excesiva oferta por encima de la demanda, provoca que, igualmente, la Red se sobrecargue de textos. En cinco minutos un usuario puede descargarse quinientos libros, en media hora mejor ni pensarlo. Y si eres, lector, de los que tiene un soporte para leer libros digitales, comprobarás que ver en tu aparato dos mil libros por leer resulta agotador y terrorífico. La letra digital se convierte así en un monstruo incapaz de controlar, siempre al acecho, recordándote continuamente todo lo que no has leído aún. El libro pierde su individualidad, desorientado en un mar de páginas inacabables. Qué leer entonces cuando todo está a tu alcance. La opción podría ser, así, no leer nada. Admito que me resulta casi imposible cargar varios libros en mi tablet. Llevo uno o dos, como mucho, porque cuando he llevado bastantes libros más grabados, ni siquiera he querido encenderlo.
Por eso sigo acudiendo a la librería. Primero porque allí están los títulos que nunca estarán en Internet, los que no interesan a la mayoría y por eso no se ven afectados por la moda. Segundo, porque tengo que elegir. Así de sencillo. Afortunadamente no me los puedo llevar todos.


José María García Linares (15/11/2010).