jueves, 15 de abril de 2010

SECTOR DEL LIBRO

El sector editorial está que echa chispas, a pesar de vivir rodeados de un material tan inflamable. Después de lo que está ocurriendo en otros países, después de esa macroempresa llamada Google-books, después de Amazon y su lector digital Kindle 2, ahora vienen nuestros editores a advertirnos de la cantidad de pérdidas que está sufriendo la industria del libro. Desde luego que en España parecemos tontos. Años hace que se advirtió que si el negocio de la lectura no se adaptaba a las nuevas condiciones de mercado, sufriría las mismas pérdidas o más que la industria de la música. Pues nada, como quien oye llover. Ya se sabe, somos el país más arcaico en términos culturales, anclado en el pasado y en estructuras obsoletas, haciendo oídos sordos a todo lo que ocurre a nuestro alrededor.
Me compré hace meses un E-reader, un libro digital de esos que hoy parecen hijos del demonio. La única forma que existe, prácticamente, de sacarle partido es descargando títulos de algunas páginas web de usuarios que, gentilmente, ofrecen la lectura sin ánimo de lucro. Se sorprende uno de lo que llega a encontrar. En España no hay mercado para el libro digital. Sencillamente. Mientras en otros países la oferta es variada y barata, entre cinco y nueve euros, aquí ni siquiera tenemos posibilidad de compra y solamente podemos buscar y buscar hasta dar con un foro de descargas gratuitas. Paradójicamente, estos lectores digitales se venden en muchos casos en grandes librerías que, por supuesto, no tienen catálogo de ningún tipo. Viva España. ¿De verdad que los editores creen que, habiendo libros digitalizados en Internet, algunos modernos, sin coste alguno, el lector se va a gastar un mínimo de dieciocho euros? Esto es de cajón.
Independientemente de que sean cómodos estos nuevos soportes, eso de ir a una librería y buscar y detenerte y disfrutar y volverte loco no tiene parangón. No lo cambio por una descarga de un minuto. Los buenos lectores son fetichistas. Necesitan del tacto, del olor, de la caricia tibia de la hoja de papel. El cristal de la pantalla es demasiado frío. Lo que ocurre es que es barato, y ya se sabe.
En formato digital están también todos los cuentos clásicos de hadas, esos que la eminencia de la ministra de igualdad mira con malos ojos. La pobre. Ha descubierto que los textos son discursos ideológicos. Vaya por Dios. ¿Y ahora qué hacemos? Habría que recordarle que, incluso la etiqueta de su ministerio, es ideológica, esto es, está cargada de significados más allá de su propia denominación. Por ejemplo, nada tiene que ver la idea de igualdad con la igualdad socialista, que es torticera, rancia, mediocre y chuminosa (solo de pensar en el igualitarismo estúpido, y no igualdad de oportunidades, que ha hundido el sistema educativo…) y que solo se utiliza para ganar votos. Además, el discurso igualitario socialista (sociainjusto y sociatonto) es el que permite que las mujeres cobren menos que los hombres y que no puedan armonizar vida laboral y vida familiar. Déjese de cuentos de hadas y de hados que gracias a ustedes las generaciones más jóvenes ya no leen, porque los han ustedes embrutecido para que todos sean iguales en derechos y en injusticias, y póngase a trabajar de una manera seria. Que luchar por la igualdad no es sólo echarse las manos a la cabeza cuando el novio asesina a la novia. Eso es sólo lo que sale en la tele, lo mediático, lo que tiene renta electoral.
José María García Linares (12/04/2010)

martes, 6 de abril de 2010

INCIENSO Y CHICLE

Las tradiciones son las tradiciones. Torrijas, Cautivo, Soledad y Carlos Rubiales, como debe ser. Este año, no obstante, he incorporado a mis costumbres las natillas con merengue, que no engordan porque mi madre las ha preparado con mucho cariño y espiritualidad. Precisamente ahora estaba terminando mi cuenquito mientras veía por Telemelilla al Cristo de la Paz. Trece años lleva Rubiales con nosotros. Lo hemos visto, como quien dice, hacerse un hombre. Con micros jurásicos, vestido de nazareno, subido en esos estrados infames… Pero nunca abrigado en una casetilla, con la rasca que hace en estas fechas en la ciudad. A ver para cuando la dirección nos lo resguarda y nos lo cuida, que se nos va a poner malo. A don Carlos le mando desde aquí un abrazo cariñoso, mi felicitación por acercar a los melillenses la Semana Santa a sus casas y mi enhorabuena por el trabajo y el esfuerzo, como a su equipo. Y por el frío que pasa, Dios bendito.
No soy muy dado a ir de procesiones. No lo he mamado, como quien dice, tal vez porque cuando era niño solíamos viajar en estas fechas. Sin embargo sí que he logrado conservar esa especie de residuo místico-medieval de noches oscuras con olor a incienso e imágenes dolorosas insoportables. No me gustaría perder ese sustrato mágico por mucho que la racionalidad le diga a uno tantas cosas y le toque las narices continuamente.
Así que vivo mi semana santa de una manera muy particular, incluso, en algunos momentos, muy sevillanamente, es decir, esperando a los tronos en los bares. Hay estilos sevillano y malagueño para los pasos, con sus varales o sin ellos, y también para verlos, estaría bueno. Este año el centro está lleno de banderas de Melilla y de España. Qué ramalazo de Nacional-Catolicismo nos ha dado en este 2010. A eso le añades que los cristianos liberan a un preso y que desde la radio y la tele no se deja de decir que en determinados tronos van inmigrantes como si fuera una extrañeza en estos tiempos multiculturales, y esto parece la llegada de Colón al Nuevo Mundo. Afortunadamente la bandera del orgullo gay también ondeaba en nuestra Madrugá de las diez de la noche en la Avenida. El plano ofrecido por Telemelilla del Cristo de la Paz con los colorines detrás no tiene precio.
Mezclar Religión y Estado no es saludable y la Historia está ahí para recordárnoslo, no yo, así que no voy a meter el dedo en la llaga, y menos en estos días ( ¿En las sinagogas había en esta semana de la galleta banderas españolas? ¿Los hindúes le dan la libertad a algún presidiario en sus fiestas? Perdón. Se me ha escapado). Lo que sí que me parece digno de mención, por chabacano, y lo voy a decir, es esta moda de ir mascando chicle en plena procesión. Costaleros, autoridades, mantillas y nazarenos. Qué feo queda eso. Tanta gomina y tanta corbata y tan poco protocolo. Ahora bien, no en todas las cofadrías, que hay algunas en las que todavía se respetan las formas. En fin. Tampoco debería meterme en este charco. Cada uno lo vive como quiere y masca lo que quiere o lo que puede o lo que le dejan.
Total, otro año más, que se dice pronto. Y otra vez La Soledad el Viernes Santo. Qué silencio. Qué pena. Qué miedo. Y es que estar solo, estar sola, debe de ser espantoso.

José María García Linares (05/04/2010)

martes, 30 de marzo de 2010

REFLEXIONES


Mi señora inspectora (orientadora, para más INRI) nos anima a reflexionar cuando el índice de suspensos llega al 30%. Es decir, que con un 70% de calabazas, hay que ponerse concienzudamente a analizarse, incluso a psicoanalizarse. Yo, que he tenido un 74% de cates en Primero de Bachillerato (Calisto es el escudero de Don Quijote o “Melivea” con ‘v’ se toma un veneno y se hace la muerta) y que no estoy para gilipolleces burocráticas por cuestiones de salud mental, me he plantado aquí en Melilla agotado de tanto avión y con la conciencia más tranquila que la de la inspectora, por supuesto. A ver qué hago yo con veinte exámenes en blanco sobre La Celestina. Uf, que espanto.
Mi Odisea particular ha sido esta vez más llevadera. Desde las siete de la mañana hasta las cinco y media de la tarde. No está mal. No nos han dejado tirado en ningún aeropuerto y los vuelos han sido muy tranquilos. Además, con chocolatina y vaso de agua en Binter Canarias y cacahuetes con Coca Cola en Air Nostrum. Menos da una piedra. Esperaba encontrarme con la nueva línea de Air Europa, esa que iba a operar con Melilla, y resulta que se la ha llevado Nador. Seguimos igual, pensaba, hasta que entré en la nueva terminal del aeropuerto de Málaga. Sagrado Corazón de Jesús…
Recuerdo que la primera vez que viajé con mis padres a la capital malacitana nos quedamos perplejos con esa entrada majestuosa que, por entonces, parecía grandiosa e inigualable. Caminabas y caminabas y parecías no avanzar por ese suelo brillante que multiplicaba las distancias y la imaginación. Aquellos paneles gigantes, mostradores infinitos, el techo que se perdía en el espacio. Exageraciones de niños y de poetas, por supuesto, pero así era. Después la edad lo llenó de incomodidades, de suelos sucios y mostradores vacíos, a pesar de que hubiera tantos. Los asientos para la espera estaban comidos de roña y el control de seguridad era peor que las reflexiones de mi inspectora.
Así que cuando arribé al nuevo edificio, previo paseo andando desde el avión hasta la terminal, sin jardinera, quedé perplejo. Hasta una sucursal de la librería Luces me encontré frente al Starbucks Café, cuyas neveras ofrecían unos bollos como nunca antes visto en aquel aeropuerto. Bueno, la librería también contaba con un buen género, bolsillesco, todo hay que decirlo, pero eran las cuatro de la tarde y no había comido más que aquellos tristes cacahuetes. Luego las puertas de embarque. Ya no estamos en los bajos, en esa especie de almacén húmedo de IKEA con carteles en árabe. No señor. Tenemos nuestra puerta junto con la de Las Palmas o Barcelona, y eso anima, claro que sí, después de tatos años de ostracismo.
Ahora, lo que no cambian son los aviones. Qué ruido tan molesto. Estuve a punto de pegar la carcajada cuando la señora azafata (que también hace las labores de orientadora, aunque aquí más necesarias y verdaderas) nos dio las gracias por escoger ese vuelo de Iberia operado por la compañía Air Nostrum. Como si hubiera otra posibilidad. Menuda coña guarda esta gente. En fin. Ya estoy aquí. He desayunado churros del Mantelete, como dicta la tradición. Dentro de un rato, igualmente, estrenaré unos calcetines que me ha comprado mi madre, por aquello de que no se me caigan las manos el Domingo de Ramos. Estaría bueno. Con lo que he tardado en llegar, y encima manco. Y además me he traído a la parienta.
José María García Linares (29/03/2010)

lunes, 22 de marzo de 2010

MARCAS BLANCAS


Qué envidia. Media España de puente y uno aquí, entre calimas, tosiendo y trabajando. La llegada de la primavera y la salida de millones de personas de las grandes urbes ocupan las portadas de los telediarios. Todo quisqui a Benidorm, como Dios manda. Menos mal que a mí el Levante no acaba de convencerme. Esas aguas calentuchas y llenas de algas no me refrescan, sino que me soliviantan. Así que aquí estoy, en mi casa, con esa cara que otros mucho millones tenemos estos días de “yo también quiero ir de vacaciones” o “qué he hecho yo para vivir aquí”. En fin, miserias humanas. Los españoles somos muy envidiosos. Yo, incluso, mucho más en estos menesteres.
Estos puentes tienen que ser para todos, eso sería hacer política económica seria. Todo el mundo a descansar, que tan importante es el descanso como la actividad, o al menos eso decía el monitor de mi gimnasio (por eso fui un par de días nada más, por su poder de convicción). Tanta Autonomía y tanto regionalismo. Hemos de copiar urgentemente el modelo de Trinidad Jiménez en asuntos sanitarios. Cómo no iba a ocurrir que entre Comunidad para arriba y Comunidad para abajo, se perdieran millones de euros en medicamentos, materiales sanitarios, etc. Igualito que con los puentes. Vamos a unificar, ha dicho la ministra, y ahora será el Estado el que se encargue de la compra y distribución de los productos hospitalarios.
Que lo haya hecho por dinero no desmerece la medida, por supuesto. Hombre, señor mío, hubiera quedado mejor si la razón hubiese sido la de que todos los pacientes son iguales y quienes los tratan, también, porque depende de donde vivas, tienes unos servicios o tienes otros y el sistema sanitario público debe ser, teóricamente, el mismo para todos. Y lo ha hecho por dinero, decía, porque el despilfarro autonómico es insostenible. ¿Solución? Marca blanca en los hospitales. Esto va a ser como un Supersol o un Mercadona. Genérico al canto, que es más barato e igual de rico, dicen algunos. Otros, evidentemente, avisan del riesgo. La diferencia entre una marca y su genérico es que todos los componentes del medicamento no son iguales. Hay notables diferencias, como las anchoas de Hipercort y las de Día. ¿Sentarán igual? ¿Tendrán efectos distintos? ¿Producirán alergias en algunos pacientes? Es curioso comprobar que en tiempos de vacas flacas siempre se recortan gastos en Sanidad y Educación.
La finalidad de un sistema público (que nuestros impuestos nos cuestan) es la de dar lo mejor a todos los ciudadanos que lo necesiten, no lo mediocre o lo malo, como ocurre en la enseñanza. Así se potencia la opción de lo privado, para todos aquellos que puedan permitírselo. Y entre recorte y recorte, los políticos siguen ganando lo mismo, siguen teniendo sus coches oficiales, sus dietas y sus sueldos vitalicios, y los grandes bancos continúan desviando los fondos públicos que inyectó el Gobierno para salvarlos en los planes de pensiones de sus directivos. Y encima a mí me han dejado sin puente.
José María García Linares (22/03/2010)

lunes, 15 de marzo de 2010

"DEJAD QUE LOS NIÑOS SE ACERQUEN A MÍ"


No hay nada más desagradable que escuchar a Martínez Camino un lunes a las siete de la mañana. A los seguidores de la COPE hay que levantarles un monumento, definitivamente. En mi casa estaba puesta la SER, pero ya se sabe que Dios, o al menos su funcionarios, llegan a todas partes. Demasiados siglos estudiando omnipresencia en las facultades del irracionalismo como para que se les escape esto de las tecnologías de la comunicación.
Cuando este señor habla, algo está irremediablemente a punto de ocurrir. Lo siento por los fieles seguidores de la Conferencia Episcopal, pero cada vez que sale a la palestra nos pone en bandeja a los pecadores, a los que estamos ya ardiendo en el infierno (aquí se está de xxx madre), el chiste y la contrarréplica ácida y mordiente. El portavoz de los cielos y el defensor de los oprimidos (cada día más parecido a Batman, pero en casposo) presenta la campaña en defensa de la vida de los no nacidos. Esta vez, en vez del lince, es un bebé sostenido en una mano, como metáfora de la protección y el sostenimiento de los más necesitados.
Y claro, esto en una semana en la que no paran de salir a los medios casos de abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes de toda Europa (Alemania, Irlanda, Dinamarca…), clama al cielo, dicho sea de paso. Corrupción de niños, por ejemplo, en Múnich de las que el ahora papa Ratzinger estaba informado cuando era obispo de la ciudad y no condenó en su momento. Hoy pide transparencia…
La humildad es virtud humana imprescindible. Nos enseña a aprender de nuestros errores, a no exigir a los otros lo que nosotros mismos no somos capaces de realizar al cien por cien. Erigirse en la institución prepotente que posee el monopolio de la defensa de la vida vuelve a ser un error imperdonable de la Iglesia Católica, que lleva a la espalda, aunque sus ministros escondan el bulto, el peso de millones de muertos a lo largo de la historia. Persecuciones, cruzadas, hogueras hace ya mucho y apoyo al fascismo o al nazismo a la vuelta de la esquina. Sólo ver el cartel del recién nacido sostenido en una mano da escalofríos. No habría que generalizar, por supuesto. Honrados hay en todos sitios. Pero cuando se habla desde el totalitarismo, desde la universalidad y la sabiduría única, se reciben respuestas igualmente universales.
Se les debería caer la cara de vergüenza a todos estos que están diariamente juzgando a sus fieles y no tan fieles. No juzguéis y no seréis juzgados. Y no interpretéis tan literalmente las Escrituras: “Dejad que los niños se acerquen a mí” no equivale a propasarse con ellos, a obligarlos a practicar sexo oral, como reconoce el Vaticano en algunos casos que han salido en la prensa alemana. Si Jesús levantara la cabeza.
Desde Roma prometen investigación, esclarecimiento, compensación a las víctimas y mano dura. Estaría bien que, por primera vez en toda esta barbarie, fuera la mano la única parte del cuerpo endurecida.
José María García Linares (15/03/2010)

jueves, 11 de marzo de 2010

MANIFIESTO DE MAESTROS Y PROFESORES


Por un sistema educativo libre, eficaz e independiente (http://www.manifiestomp.com/)


Cuando la soledad de un amplio colectivo de ciudadanos y la falta de representación política de sus argumentos impelen al desencanto y a la irritación, pero también a la sagacidad, es un deber inexcusable de la sociedad civil tomar la iniciativa y exigir que se tengan en cuenta sus reivindicaciones.
Sostenemos como incontrovertibles las siguientes evidencias: que el de los docentes es uno de los colectivos profesionales de España más desguarnecido, más irrepresentado, más desengañado, más enfadado y, en última instancia, más capacitado para denunciar el cúmulo de atropellos que se han ido cometiendo desde hace más de veinte años; que las diversas reformas educativas han fracasado estrepitosamente en todos sus planteamientos y han condenado a generaciones de estudiantes españoles a ser de las peor preparadas de la Unión Europea; que las circunstancias económicas de nuestro país obligan a dar, cuanto antes, un giro radical en la política educativa que han venido proponiendo hasta ahora los partidos políticos con representación parlamentaria, ya que, de no ser así, ninguna reforma logrará el objetivo -suponemos que sincero- de sacar a España de la grave crisis en la que se halla inmersa.
Por ello, y ante el anuncio de las negociaciones que el Ministerio de Educación está llevando a cabo con diferentes grupos políticos y con los principales sindicatos de la enseñanza, los abajo firmantes (maestros de Primaria, profesores de Secundaria y Bachillerato, profesores de Formación Profesional, profesores de Universidad, padres, madres y ciudadanos en general) nos vemos en la necesidad de exigir:
1.- Que el Pacto por la Educación incluya el criterio de los profesionales de la enseñanza que están dando clase -y no sólo de quienes dicen ser sus representantes-, únicos expertos hasta el momento y principales conocedores de la realidad de las aulas españolas.
2.- Que el Pacto por la Educación se despoje de una vez por todas de la influencia de modas pedagógicas que no valoran el esfuerzo, la disciplina o la transmisión de conocimientos; limite las atribuciones de psicólogos y pedagogos, tanto en la administración como en los centros, a los fines estrictos de su adscripción, y se atenga exclusivamente a la realidad de unos estudiantes que necesitan con urgencia una formación en contenidos exigente para afrontar los retos del futuro.
3.- Que el Pacto por la Educación impida todo intento de manipulación ideológica de los planes de estudios, evite cualquier prejuicio partidista o electoralista, se atenga únicamente a los hechos, detecte los problemas más acuciantes y actúe en consecuencia, sin que se vea lastrado o condicionado por intereses espurios que nada tienen que ver con la enseñanza.
4.- Que el Pacto por la Educación no confunda, como se viene haciendo desde hace más de veinte años, la igualdad de oportunidades de una enseñanza obligatoria hasta los 16 años con la uniformidad de capacidades, y el derecho universal a una educación de calidad con la obligación de recibir unos mismos contenidos, exigencia que atenta contra los derechos individuales, niega que existan personas con distintas capacidades físicas e intelectuales o con perspectivas e intereses diversos, e impide que el Estado salvaguarde la legítima aspiración de los ciudadanos a promocionar socialmente.
5.- Que el Pacto por la Educación conciba una Enseñanza Infantil que no ignore que los niños de edades comprendidas entre los 0 y los 4 años han de pasar la mayor parte del tiempo con sus padres, aun cuando eso signifique que deban reconsiderarse las actuales normativas que rigen los permisos de maternidad y paternidad y los horarios laborales de los progenitores; que no eluda la responsabilidad de iniciar el aprendizaje de ciertas habilidades intelectuales cuando la capacidad o la inclinación de los alumnos así lo requieran; que no se entienda, en definitiva, como una etapa en la que sus profesionales han de quedar reducidos a ser simples nodrizas.
6.- Que el Pacto por la Educación considere la Enseñanza Primaria como el ciclo más importante en la formación del alumno, limite la promoción automática a los primeros años de la etapa, no desdeñe el rigor y la exigencia necesarios para afianzar tanto las habilidades primordiales en lectoescritura y cálculo matemático como los conocimientos básicos de otras disciplinas también esenciales, y no eluda la necesidad de plantear una Primaria hasta los 14 años. Pero que, sobre todo, haga de este periodo de aprendizaje el mejor momento para guiar al alumno en su futuro académico demandándole tenacidad, disciplina y esfuerzo, y detectando a tiempo y prestando una mayor atención a los problemas que puedan surgirle mediante una exigente labor de orientación -labor que sólo tiene sentido y es eficiente en esta etapa- que huya de la inútil burocracia actual y, principalmente, a través de programas de refuerzo dentro y fuera del aula.
7.- Que el Pacto por la Educación recapacite sobre la conveniencia de mantener, contra viento, marea y estadísticas adversas, la Enseñanza Secundaria, etapa que se ha revelado como uno de los mayores fracasos de las últimas reformas legales; que conciba, en su lugar, la creación de un Bachillerato de 4 años de duración que recupere el valor del mérito académico acabando con la promoción automática y restablezca la especificidad que le da sentido y que lo define como la etapa preparatoria para los estudios superiores; que se atreva a abordar definitivamente una reforma de la Formación Profesional que convierta esta etapa en el motor más importante para transformar el modelo productivo de nuestro país, y que evite que se la continúe considerando una simple alternativa para aquellos que no pueden acceder al Bachillerato, otorgándole, para ello, 4 años de duración tras la Primaria, dotándola de medios y dignificando sus objetivos mediante el mérito y la excelencia.
8.- Que el Pacto por la Educación no condene a los alumnos que fracasan a la precariedad laboral y que incluya con carácter de urgencia, para ello, un tercer itinerario de Iniciación Profesional a los 14 años -de 2 años de duración- que armonice la presencia de las asignaturas instrumentales con una atención especial a materias exclusivamente prácticas, procurando así una cualificación profesional temprana y una salida laboral digna y suficiente como para no impedir la promoción social a la que todo ciudadano tiene derecho.
9.- Que el Pacto por la Educación plantee un sistema de conexión de los diferentes itinerarios salidos de la Enseñanza Primaria con racionalidad y sentido común, mediante cursos puente o exámenes de ingreso que huyan de la excesiva condescendencia que existe hoy día.
10.- Que el Pacto por la Educación evite la impostura de los actuales procedimientos de evaluación del sistema de enseñanza y plantee la urgente necesidad de unas reválidas estatales y vinculantes al final de cada etapa que hagan de los resultados el único y principal indicador fiable de la realidad de alumnado y profesorado.
11.- Que el Pacto por la Educación dignifique la figura del docente modificando, para ello, la actual estructura de los centros de enseñanza, facilite su labor rebajando el número de alumnos por aula, restablezca su autoridad devolviendo al claustro de profesores las competencias disciplinarias y restituya su autonomía confiriéndole la competencia para elegir a los directores y otorgando a los diferentes departamentos didácticos la libertad real para elaborar los planes de estudios.
12.- Que el Pacto por la Educación dignifique la figura del docente confiando a su único criterio las cuestiones derivadas de la enseñanza, despojándole de atribuciones ajenas a su cometido, acabando de una vez por todas con el absurdo sistema de promoción horizontal, incentivando su carrera mediante la búsqueda del estímulo académico y laboral, que, en todo caso, nada tiene que ver con los cursillos que actualmente organizan sindicatos y centros de profesores y recursos, dignificando el menoscabado Cuerpo de Catedráticos de Bachillerato y concibiendo un sistema de acceso a la función pública docente diferenciado para cada etapa educativa y basado exclusivamente en la excelencia.
13.- Que el Pacto por la Educación proponga por fin respuestas serias y contundentes a los graves problemas que sufre la Universidad española, que recorte el número de universidades a fin de evitar la actual infradotación y la mediocridad a las que están expuestas, que reconduzca la vigente política de títulos a patrones de sensatez científica y económica, que racionalice los planes de estudios, que modifique los actuales modelos de gestión administrativa y emprenda una desburocratización en masa, que solucione los antimeritocráticos estándares de selección y de evaluación del profesorado, que reconsidere y adapte a la realidad de nuestro país los dudosos procesos que se han seguido para adoptar los nuevos requisitos de Bolonia, y que potencie programas de investigación con dotación suficiente evitando por ley la influencia política que hoy día impide o pone en entredicho, no sólo la eficiencia y la utilidad de éstos, sino el libre debate de ideas y, sobre todo, el concurso de toda disidencia crítica.

PRECIOUSA


Cuando leas esto, lector, lectora, ya sabrás quienes han sido los triunfadores de la gran fiesta del cine. Sabrás de qué firma es el mejor vestido, quién llevó los mejores tacones y cuáles fueron las joyas más despampanantes y caras. Hoy domingo, sin embargo, todo sigue en el aire, por eso para los amantes del cine y para los actores la jornada previa a la entrega de los Oscar es tan especial como los sueños coloreados con plastidecor, como cielos repletos de nubes de caramelo. Ahora misma todo es posible, a pesar de las apuestas. Veremos a ver qué pasa.
Es ‘Precious’ la cinta que sigue acaparando la atención, después de la celeste Avatar. Ha sido la gran vencedora de los premios Spirit Awards, dicen los entendidos que antesala de la ceremonia de esta madrugada. Y allí estaba ella, Gabourey Sidibe, esplendorosa, elegante, levantando el brazo vencedor y con esa sonrisa inmensa que llena portadas de revistas y entrevistas televisivas. Está haciendo trizas, por fin, el modelo de actriz occidental, y no por su interpretación soberbia, sino por su aspecto físico. Resulta lamentable que recién estrenada la película se hablara de Gabourey más por su obesidad que por su trabajo. La calidad y la fuerza de su interpretación han conseguido, meses después, dejar de lado los kilos de más que pueda o no tener porque no es eso lo que se va a premiar.
No existen dos cuerpos iguales, como tampoco dos personas exactas (por ahora, dicen algunos). Aburridos estamos de escuchar en las sociedades democráticas que todos los seres humanos son iguales en derechos, y sin embargo las exclusiones y los desaires en función del sexo, la raza o la condición física siguen estando muy presentes. Los guapos, decía hace poco un estudio, consiguen trabajo antes que los feos, igual que los deportistas tienen mayor éxito social aunque no sepan hacer la o con un canuto.
Por eso quiero ver a Gabourey esta noche sobre la alfombra roja. Porque irá elegante, luminosa, ilusionada y esperanzada. Gorda, sí, gorda, qué pasa. Y quiero verla pasar al lado de estas tiquismiquis que adoptan lo primero que se les ocurre, o de aquellas otras que se cepillan a los actores y directores con los que trabajan, o de esos falsos donjuanes que presumen de canas mientras exigen a sus parejas que se las tiñan. Quiero verla pasar al lado de Morgan Freeman, por fin nominado después de tantos olvidos de la academia, y de Meryl Strep, la gran actriz de nuestro tiempo, otra vez entre las elegidas. Porque entonces veré, entre tanta fastuosidad, pizcas de normalidad, de vida, de realidad. Actores mayores que lucen sus arrugas con la dignidad de haber llegado hasta allí, con la lucidez que dan los años, porque la edad no es solo cumplir años, sino crecer, aprender y dominar un arte. Cuelgan las carnes, como nos colgarán a todos, pero se tersa la sabiduría, y esto no a todos nos va a ocurrir.
Será una noche especial, de eso no cabe duda. Espero aguantar lo suficiente y no quedarme, como otros años, dormido en el sofá. Por si acaso, me he comprado una ginebra que me ha costado un pastón (sublime, como Gabourey, además de francesa), porque la ocasión lo merece, para brindar por el buen trabajo de quienes he nombrado antes y por lo que representan. Va por ellos y por que siga siendo verdad que en el cine, no como en la vida, todo es posible
José María García Linares